Euclides Lacuña
Refundarse como PRIANRD, ¿el futuro del MORENA?
El Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA) bajo cuyas siglas llegó el presidente de la república Andrés Manuel López Obrador al poder, en alianza con el Partido del Trabajo, está resultado a ojos de propios y extraños, una gran decepción como partido, pues ha exhibido una serie de errores y carencias que aún a los más optimistas les resulta difícil concebir que mantenga el poder después del 2024, en que se hará el cambio de gobierno y que por lo mismo el presidente AMLO dejará la presidencia. Porque en la mente de cualquiera se ha generalizado la idea de que en realidad fue AMLO quien llevó al MORENA al poder, y no al revés.
Y es que, en sus tres años en el poder, el MORENA no se ha mostrado con claridad ni como partido ni como movimiento, y ha dependido, como antes lo hiciera el PRD, de la figura del ahora presidente de la república, quien se ha visto solo en la sorda lucha que ha sostenido contra los grupos conservadores, que no le han dado tregua en el proceso de transformación política del régimen y en el combate a la corrupción. Ha estado tan limitado el MORENA, que sus liderazgos no han podido siquiera poner orden al interior del mismo partido, en el cual han proliferado activistas que son evaluados por el número de mítines en los que participan, para llegar a ser diputados federales y locales, senadores, alcaldes, regidores, sin tener los conocimientos, la experiencia, y sobre todo la lealtad, sin compromiso social, que incluso han tenido la osadía de usar -en toda la concepción del verbo- las siglas del MORENA para acceder a los puestos de representación, y una vez allí, dejan el partido y se van a sus querencias como son el PRI, el PAN, o el llamado Movimiento Ciudadano que no es movimiento ni es ciudadano. Ejemplos sobran en los estados y en la capital de la república, así como en el Congreso de la Unión.
Al mismo tiempo, el MORENA ha ignorado a casi la totalidad de activistas que mantuvieron el movimiento desde el año 2005, que participaron una y otra vez en el movimiento social, y que son la principal fuerza de AMLO en su lucha ideológica en las redes contra el conservadurismo. Los leales a AMLO y al MORENA, los que han luchado desde hace casi veinte años con él, representan solo votos; no merecen ninguna oportunidad de representación ni de gobierno, no necesitan un empleo ni ellos ni sus familias. Al interior del MORENA, al igual que en el PRIANRDMC, se han formado clanes familiares que acaparan puestos, cargos, candidaturas, poder, y que gozan de la amistad, compadrazgo, y lazos familiares de los que gobiernan ahora el país. Pareciera que el futuro del MORENA será refundarse como PRIANRD, como sucediera al PRD que en su momento representó la esperanza de cambio en el país.
Parece que el presidente AMLO se ha dado cuenta de la imposibilidad de que el MORENA cambie y sea capaz de representar la necesidad de cambio real en el país. La decisión de llevar a cabo alianzas políticas en el Congreso con el ala nacionalista del PRI -que sí la hay, aunque no lo parezca- y con políticos del Partido Verde de muy dudosa moral, parece indicar eso. La falta de movilidad del que se define como “Movimiento” para apoyar las políticas públicas, las iniciativas de ley, dejando el campo libre a los movimientos de derecha y ultraderecha que atacan al presidente y a su gobierno, da mucho en qué pensar acerca de los verdaderos objetivos de los liderazgos del MORENA, y de los intereses personales de quienes están cerca del poder.
Los simpatizantes del Frenaa (Frente Nacional Anti Amlo), las agrupaciones feminazis de las cuales se denunció su financiamiento por el PRD y el PAN, las organizaciones campesinas clientelares de Antorcha Campesina, los transportistas de la CTM que han bloqueado las megaobras del gobierno, todos han marchado, todos se han manifestado y lanzado suciedad en contra de este gobierno sin importarles el virus. Solo el MORENA -que se auto define como un partido en movimiento- está parado. Su propuesta es rollo, es arribismo, es oportunismo, ha dejado la lucha a un lado, para pasar a la autofagia política.