Editorial
¿Madrina?
Lo que temían los aspirantes a la coordinación estatal de Morena en Guerrero, no sucedió. La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo fue harto cautelosa durante su gira de dos días por Acapulco y evitó cruzarse con alguno de ellos.
Lo que es más, la presidenta ni siquiera los mencionó y se mantuvo incluso fuera del alcance de los medios de comunicación, para evitar entrevistas relacionadas con el proceso interno.
Y es que la gira de la mandataria estatal, junto con el nombramiento del diputado federal por Tlalpan, Irugami Perea, en su papel de delegado del partido guinda en Guerrero, y quien fue uno de sus colaboradores en la Ciudad de México por cierto, era la conjunción perfecta para que se pensara en que la imposición del coordinador estatal ya era algo cantado.
Se temía que aprovechando el micrófono, la presidenta mandara mensajes a partido y ciudadanos, a favor de quien dicen es la favorita de palacio, Esthela Damián Peralta.
Pero no sucedió. Sheinbaum Pardo se portó a la altura de las circunstancias, demostrando que es demócrata y que respeta las reglas internas del partido.
Claro que eso no quita que ella en sí misma tenga a su favorita o favorito en la contienda de cada entidad, pero tal y como sucedió con el expresidente Andrés Manuel López Obrador, tendrá que redefinir sus preferencias y dejar que sea el pueblo de Guerrero el que decida al coordinador estatal, lo mismo que en el resto de las entidades que van a renovar sus gubernaturas.
Ya son demasiado fuertes los problemas que enfrenta Morena, con la presión de los aliados del PT y del Verde exigiendo gubernaturas a cambio de sostener la alianza obradorista, como para que además se atice el fuego interno.
No es poca cosa de lo que hablamos. El Partido del Trabajo quiere 4 gobiernos estatales, por ejemplo, y tomando como propuestas a coordinadores a los mismos morenistas. En Chihuahua, propuso a la senadora Andrea Chávez; y en Michoacán a Raúl Morón.
El Verde hace su propia presión, a sabiendas de que aunque sus candidatos tengan pocas canicas, la ola morenista en el país les aseguraría el triunfo. Ellos, a su vez, declararían esos estados como de su propiedad (así han hecho en distritos y municipios), y los canjearían en futuras negociaciones, sobre todo de cara a las presidenciales de 2030.
Por lo tanto, Morena está más que obligado a no jugar con fuego y respetar el resultado de las encuestas. Mejor dicho, hacerlas de verdad, casa por casa, no simular. Porque esa idea de que no van por el candidato más popular, el más conocido y aceptado, sino por el más “idóneo”, no se comprende. ¿Cómo puede ser un candidato idóneo, cuando no cuenta con el visto bueno de la mayoría de los ciudadanos? ¿O “idóneo” para quién?
En Guerrero, por ejemplo, eso ya no aplica, porque ya bajaron al que encabezaba las encuetas. Y al ponerle candados al senador Félix Salgado, no pueden bajar a la del segundo lugar, que es la senadora Beatriz Mojica. Si lo hicieran, estarían violentando el proceso interno, aunque apliquen la máxima de “caballo que alcanza gana”.