«Yo les envié mensajeros,
diciendo: Yo hago una gran obra, y no puedo ir; porque cesaría la obra,
dejándola yo para ir a vosotros». — Nehemías 6:3
Querido amigo, querida
joven, ¿te has dado cuenta de cuántas invitaciones recibes hoy para abandonar
tus convicciones? El enemigo no siempre te atacará de frente; muchas veces
usará la distracción. Te dirá: «Ven, hablemos, busca un equilibrio, no seas tan
extremista». Sanbalat y Tobías intentaron detener la reconstrucción del muro
usando el engaño, la burla y falsos rumores. Querían desviar la mirada de
Nehemías del plan divino. Pero el líder se mantuvo firme. Él sabía que
descender del muro significaba la derrota.
En este momento de la
historia, tú eres parte de una generación llamada a levantar las defensas de la
fe y proclamar la verdad del regreso de Cristo. Las redes sociales, las
amistades que no comparten tus mismos valores, los placeres temporales del
mundo y el temor al qué dirán son los mensajeros modernos de Ono que te invitan
a descender. Te sugieren descuidar tu vida de oración, apagar el fervor por el
servicio y ceder ante la presión social. Sin embargo, tu respuesta debe ser
contundente: «Estoy haciendo una gran obra y no puedo ir».
La mayor victoria de tu vida
no se logra con tus propias fuerzas, sino fijando los ojos en Jesús, el autor y
consumador de la fe. Cuando el Salvador enfrentó la tentación en el desierto,
venció repitiendo la Palabra escrita. Nehemías triunfó porque su dependencia
del Cielo era absoluta. Él no se sentó a discutir con sus opositores;
simplemente oró: «Ahora, pues, oh Dios, fortalece tú mis manos» (Nehemías 6:9).
El amor de Jesús y el regalo de la salvación son tu mayor refugio frente a las
amenazas que intentan infundir miedo en tu corazón.
La mensajera del Señor nos
recuerda la importancia de esta firmeza espiritual en la juventud:
«Necesitamos hombres que,
como Nehemías, no se dejen desviar ni atemorizar de su deber; hombres que se
mantengan firmes por la verdad y la justicia, listos para enfrentar la
oposición cuando el deber lo requiera». — Elena G. de White, Profetas y Reyes,
p. 488 (egwwritings.org).
Cada vez que abres las
Escrituras en tu lectura diaria y estudias un capítulo para reavivar tu
corazón, recibes el poder para resistir. Los muros se completarán cuando
comprendas que fuiste elegido para un propósito eterno. La esperanza de la
patria celestial debe motivarte a permanecer en el puesto del deber, amando al
prójimo y compartiendo el mensaje con entusiasmo. No tengas miedo de los
rumores ni de las calumnias. El mismo Dios que protegió a Nehemías completará
la obra en ti, porque Aquel que comenzó la buena obra la perfeccionará hasta el
final.
Hoy el Señor te hace un
llamado: no abandones tu puesto. Mantén tus principios en alto en la
universidad, en el trabajo y en tus círculos sociales. Sé un verdadero líder de
la Sociedad de Jóvenes, mostrando con tu testimonio que Cristo es el centro de
tu existencia. No te rindas, el Rey ya viene.
Oración:
Querido Padre celestial,
gracias por llamarme a participar en tu gran obra de amor. Te pido que me des
la firmeza de Nehemías para no descender del muro ante las distracciones de
este mundo. Fortalece mis manos, limpia mi corazón y ayúdame a mantener mi
mirada fija en Jesús en cada decisión que tome hoy. En el nombre de Jesús,
amén.