Ustedes son mis amigos, si hacen lo que les mando. Juan 15:14
En primer lugar, Abraham fue
obediente a los mandamientos del Señor. Cuando Dios le pidió que dejara su
tierra y su familia, el patriarca no dudó en obedecer. Inmediatamente partió
«tal como el Señor le había dicho» (Gén. 12:4).
Dios dijo de él: «Abraham
oyó mi voz, y guardó mis preceptos, mis mandamientos, mis normas y mis leyes»
(Gén. 26:5). En segundo lugar, Abraham desarrolló una vida de fe en el Señor.
La Biblia lo identifica como «padre de todos los que creen» (Rom. 4:11).
Abraham vivió en una época
en la que la idolatría dominaba a los pueblos, especialmente en Ur de los
caldeos, lugar donde vivía con su padre, Taré, y sus demás parientes (Jos.
24:2). Sin embargo, a pesar de la idolatría, Abraham creyó únicamente en el
Señor.
Tal vez su mayor prueba de
fe haya ocurrido en el monte Moriah, cuando Dios le pidió que sacrificara a su
hijo Isaac. Abraham obedeció, pues estaba seguro de que, incluso si sacrificaba
a su unigénito, «Dios tenía el poder para volverlo a la vida» (Heb. 11:19,
NTV).
En tercer lugar, Abraham se
convirtió en amigo de Dios debido a su compañerismo con el Eterno. Respondió
positivamente al llamado de andar conforme a la voluntad divina y ser integro
(Gén. 17:1). Religióny creencias
Por donde pasaba, Abraham
construía altares, como si fueran monumentos de su sólida amistad con Dios.
Adam Clarke declaró: «Donde Abraham levantaba una tienda, también erigía un
altar para Dios, pues él sabía bien que no había seguridad sino bajo la
protección divina» (Clarke’s Commentary, p. 95).
El verdadero amigo de Dios
obedece las órdenes que él le da, confía en sus promesas y camina humildemente
en su presencia. ¿Posees estas características? ¿Podrías ser llamado amigo
o amiga de Dios al igual que Abraham?
Jesús quiere ser tu mejor Amigo.