Editorial
Fundadores
No se puede tapar el sol con un dedo. Esthela Damián Peralta no es fundadora de Morena, como tampoco Beatriz Mojica Morga. Pero al menos la senadora lo reconoce, cual debe, y asume que aunque fue parte de la corriente obradorista desde sus años jóvenes, tomó una decisión tardía. Y en un contexto de alta competencia política, lo más claro es lo más decente.
Pero que vengan fundadores de Morena, que generalmente se distinguen por ser celosos del obradorismo, a decir que Esthela Damián es fundadora del partido guinda, eso si calienta, como decía el propio López Obrador.
Vamos a refrescarles un poco la memoria histórica, porque parece que les falla: Esthela aterrizó en Morena hasta los comicios de 2018, habiendo renunciado a Movimiento Ciudadano un año antes. Hasta el Google o la Wikipedia les informa eso, si buscan su perfil.
Mientras Beatriz Mojica era candidata al gobierno de Guerrero en 2015 por el PRD, o sea por la izquierda, Esthela Damian era una candidata de la derecha, en la delegación Venustiano Carranza de la Ciudad de México, donde hizo su carrera política bajo la sombra del perredista Ramón Sosamontes, distinguido miembro del grupo de Rosario Robles Berlanga, y actual dirigente del partido Somos México en Guerrero. O sea, un grupo abiertamente derechista.
Antes de ser candidata de MC, Esthela Damián tuvo una larga carrera política en el PRD, concretamente de 1997 a 2015, año en que se movió al partido naranja.
Como perredista, Esthela Damián fue diputada local por el Distrito XI en la IV Legislatura de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal de 2006 a 2009.
Fue también diputada federal por el IX Distrito, de 2009 a 2012, cuando ocupó la presidencia de la Comisión de Vigilancia de la Auditoría Superior de la Federación.
Volvió a ser diputada local por el X Distrito Electoral, y se volvió a desempeñar como presidenta de la Comisión De presupuesto y cuenta pública.
Para 2015, ya en Movimiento Ciudadano, fue lanzada como candidata a la alcaldía de la delegación Venustiano Carranza.
Ahí tienen el dato, señores, por si no se han enterado. O, más bien, no quieren enterarse.
Otra cosa que sucedió es que la deslindaron de expriístas que están plagando su equipo de campaña, aunque se sabe quiénes son. Mientras que otros abiertamente salieron a felicitarla y a darle la bienvenida, y otros más, recientemente, se quitaron la careta y anunciaron su respaldo a la ex consejera, advirtiendo que si ella no es la candidata, se moverán a otro lado, diciendo que con Morena, ni a las canicas.
Somos cartas leídas, dice un proverbio. Nadie puede presumir lo que no es. Lo que se observa, más bien, es su nerviosismo porque el garlito de que era la candidata presidencial no pegó. No levanta su campaña. Se notan desesperados. Y la cola de los ex priístas no se la pueden esconder. Están por todos lados, sobre todo en redes. Lástima.