¡Gracias a Dios por su don
inefable! 2 Corintios 9:15.
A qué terrible sentencia
tendrá que hacer frente la humanidad el día final, puesto que la vasta mayoría
de los hombres ha rechazado el ofrecimiento inapreciable, el más rico don que
Dios podía conceder al mundo. Todas nuestras bendiciones nos llegan por medio
del don inestimable de Cristo. La vida,
la salud, los amigos, la razón, la felicidad, son nuestros gracias a los méritos
de Cristo. ¡Oh, que los jóvenes y los ancianos comprendan que todo nos viene
por medio de la virtud de la vida y de la muerte de Cristo, y reconozcan la
propiedad de Dios!
Por medio de su santa
Palabra, de sus providencias, y de los mensajes que nos envía mediante sus
siervos, Jesús está diciendo diariamente: “He aquí, yo estoy a la puerta y
llamo: si alguno oyere mi voz y abriere la puerta, entraré a él, y cenaré con
él, y él conmigo”. Jesús os ha dado su vida preciosa, para que lleguéis a ser
participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que está
en el mundo producida por la concupiscencia. Daos entonces a él como una
garantía de vuestro amor agradecido. Si no fuera por el amor que generosamente
se nos concede en Cristo, estaríamos actualmente en la más profunda
desesperación, en la medianoche espiritual. Agradecedle a Dios cada día por
habernos dado a Jesús.—The Youth’s Instructor, 26 de abril de 1894.
El pensamiento de que Cristo
murió para obtener en favor nuestro el don de la vida eterna, es suficiente
para inspirar en nuestro corazón la gratitud más sincera y ferviente, y la más
entusiasta alabanza de nuestros labios.—The Review and Herald, 20 de septiembre
de 1881.