DESPEJAR
Morena: amenazas sin castigo
MISAEL TAMAYO NÚÑEZ
No me amenaces, dice una de las canciones más socorridas de José Alfredo Jiménez. Tanto Citlalli Hernández, presidenta de la Comisión Nacional de Elecciones de Morena, como el dirigente estatal del partido, Jacinto González Varona, han estado haciendo un llamado a la cordura de los casi 300 aspirantes a las 17 coordinaciones estatales, incluidos los que se registraron en Guerrero. Amenazas nada más.
Es la técnica de “vas a ver, me la vas a pagar”, pero no pasa de ahí. Nada hacen por poner orden. Están amenazando con descalificar a quienes ejerzan violencia política en contra de sus compañeros y compañeras de partido, y que se enfoquen en aquello para lo que los mandaron: informar a la ciudadanía acerca de los avances de la Cuarta Transformación y la necesidad de defender la Soberanía Nacional, a través de asambleas, o visitas casa por casa. En concreto, que se enfoquen en hacer trabajo en territorio, permitiendo que el partido haga su trabajo.
Pero no pasan de ahí. No actúan. No aperciben directamente. Nada más hablan.
Por un lado, la Comisión de Elecciones de Morena está enfrascada en la revisión de perfiles, los sondeos para hacer el primer filtro, y la aplicación de las encuestas una vez que se tenga a los 6 finalistas. Es mucho trabajo, desde luego, pero se les está pasando lo más importante: la cordialidad que debe prevalecer entre los participantes del proceso interno, sin lo cual la unidad será una mera ilusión, y llegarán a la campaña de 2027 con las falanges del partido confrontadas entre si, con los hilos del movimiento rotos, desgarrados.
Citlalli, Jacinto y el delegado del partido, Irugami Perea, debieran enfocarse también en obligar a los aspirantes a cumplir con las reglas de la convocatoria, entre las que destacan, precisamente, la advertencia de no incurrir en golpeteo interno, so riesgo de ser eliminados.
Si esto ya está establecido, la pregunta es ¿por qué la Comisión Electoral no ha actuado? Hasta ahora nadie ha sido apercibido, ni en Guerrero ni en ninguna otra entidad, donde también nada más las patadas se oyen.
Citlalli también está obligada a revisar que los aspirantes cumplan con la realización de las asambleas, que no sean mítines propagandísticos, y que tampoco se salgan del tema. Porque da el caso de aspirantes que en lugar de concretarse a la importancia de que Guerrero conserve un gobierno morenista, merced a los logros que se han tenido, tanto a nivel federal como a nivel local, andan en la auto promoción, echándose flores, presumiendo sus compadrazgos y padrinazgos en el centro del país, etcétera.
Quizás no se han dado cuenta, pero cada vez se aleja más la oportunidad de sacar un proceso limpio, sin divisiones, con unidad. Aunque Citlalli siempre afirma que está enfocada en eso, que está cuidando detalles, que tiene constante diálogo con los aspirantes, con la pena pero eso no se observa en Guerrero. Y como dijo Don Teofilito, ni lo veremos. Desde la encerrona en el Princess de Acapulco, en junio pasado, cuando tanto Ariadna como Citlalli se reunieron con algunos de los aspirantes, no todos, no han vuelto a la entidad. Tampoco han mandado a traer a los que compiten por la coordinación estatal, y la dilación de la definición del coordinador hasta septiembre se supo por medios y redes sociales.
Todo indica que a Ariadna y Citlalli les pavimentaron de piedras el camino, y eso les está dificultando su trabajo en los estados, sobre todo en lo que tiene que ver con las coordinaciones estatales (léase candidaturas a gobernador).
De hecho, trasciende que decidieron frenar la ronda de reuniones con aspirantes registrados en busca de las coordinaciones estatales (y por ende a las 17 gubernaturas que estarán en disputa el próximo año), por desacuerdos de algunos de los figurines ya empoderados en Morena, como Ricardo Monreal, el líder de la fracción de Morena en la Cámara de Diputados.
Obviamente hay otros que siguen operando tras bambalinas, como Adan Augusto López, quien también tiene a sus preferidos moviéndose en las entidades, para no quedarse solos cando se les acabe su boleto.
Y es obvio pensar en ello, porque la elección de 2027 será la antesala de la elección presidencial de 2030, sí o sí. Y los gobernadores que sean electos el próximo año serán aliados o adversarios de quienes buscarán la presidencia de la República dentro de 4 años. Por eso, no se quedarán quietos ahora que pueden mover sus fichas.
Es decir, que la revuelta que se percibe en los estados, no necesariamente tiene una lectura estrictamente local. Al contrario, viene del Centro del país.
Todo esto sin contar con que los gobernadores y gobernadoras salientes tienen también la tentación de la continuidad de sus grupos políticos, y es obvio y hasta entendible que tendrán voz y voto en este proceso interno.
En el caso de Guerrero, serán los felixistas los que puedan inclinar la balanza, pero falta saber a favor de quien y en contra de cual. También falta ver qué harán los 16 que no resulten elegidos: si realmente le levantarán la mano al ganador o ganadora, o se irán con cajas destempladas. Veremos.