“Y cantaban, alabando y dando gracias a Jehová, porque él es bueno, porque para siempre es su misericordia sobre Israel. Y todo el pueblo aclamaba con gran júbilo, alabando a Jehová porque se echaban los cimientos de la casa de Jehová.” – Esdras 3:11.
Querida amiga, a veces
miramos nuestro entorno y sentimos que el peso de los días nos sobrepasa. Al
repasar los acontecimientos de Esdras 3, descubrimos un grupo de personas que
experimentaban un torbellino de emociones: nostalgia por lo perdido, pánico
ante los peligros del camino y cansancio físico extremo. Sin embargo, en el instante
en que se colocaron las primeras piedras de la reconstrucción, la atmósfera se
transformó. Las voces se unieron en un canto de gratitud que ahogó cualquier
lamento.
¿Cómo respondes cuando la
enfermedad toca a tu puerta, o cuando el dolor por un ser querido nubla tu
horizonte? La tendencia humana es levantar murallas de queja. Pero el Salvador
te invita hoy a ensayar el canto de la victoria antes de ver la obra terminada.
El servicio a los demás, el cuidado de los tuyos y cada esfuerzo por compartir
las buenas nuevas cobran un sentido eterno cuando permites que el
agradecimiento sea tu primera respuesta. Las dificultades no desaparecen
mágicamente, pero tu perspectiva cambia por completo al fijar la mirada en el
Calvario.
Existe un peligro sutil en
el caminar de la fe: acostumbrarse a edificar sobre las opiniones ajenas o
depender del entusiasmo del momento. Si flaqueas ante la presión social o
permites que el desánimo apague tu vida de oración, los cimientos espirituales
comienzan a agrietarse. La fortaleza para sostener a los que sufren y para
avanzar con valentía en la testificación no nace de tus propias energías.
Proviene de una entrega absoluta y constante a Aquel que prometió estar contigo
todos los días.
Elena G. de White subraya la
belleza de esta unión con lo divino: “Cuando la mente de Dios se vuelve la
mente del hombre, sus afectos se purifican y su carácter se transforma”
(Testimonios para los Ministros, p. 144). Esa transformación es la que te
sostiene de pie en medio de la tormenta. Es lo que te permite extender una mano
compasiva al necesitado, sonreír a pesar de las lágrimas y manifestar un amor
genuino en cada interacción diaria, demostrando que la salvación es una
realidad viva en tu corazón.
El relato bíblico menciona
que los ancianos lloraban mientras los jóvenes celebraban. Ambos sentimientos
eran reales, pero la alabanza unificó al pueblo. No importa si hoy arrastras
recuerdos tristes o si estás cruzando un valle sombrío; el Señor está echando
cimientos nuevos en tu vida. Levanta tus manos en oración, aférrate a sus
promesas de sanidad y salvación, y camina con la frente en alto. Tu Redentor
viene pronto y Su gracia es más que suficiente para ti hoy.
Oración
Amado Salvador, te entrego
mis temores, mis debilidades y cada uno de mis proyectos. Ayúdame a edificar mi
vida sobre tu roca firme y a alabarte tanto en las alegrías como en las
pruebas. Transforma mi cansancio en fortaleza para servir a quienes me rodean y
permite que mi voz proclame siempre tu bondad. En el nombre de Jesús, amén.