Palabras sin reposo

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2021-04-10 | Por DS

El pueblo tonto o inteligente


Euclides Lacuña


¿Es el pueblo tonto, o sabio? El presidente de la república no se cansa de decir que el pueblo es sabio, y que tonto es el que piensa que el pueblo es tonto. Conviene recordar una vez más La Fábula del pendejo, de la cual confieso no saber su autor, pero se refiere a alguien que era conocido como “el tonto del pueblo” y que en una cantina solía ser llamado por unos bebedores que se burlaban de él porque creían que era muy pendejo o tonto. Sucede que constantemente lo mandaban a hacer algo, y una vez que lo hacía le ofrecían una moneda digamos de 10 pesos y una de 100. El pendejo tomaba la de 10, lo cual causaba las risotadas de los bebedores, que para tener de qué reírse, continuamente mandaban al pendejo a hacer algo. En una ocasión alguien le preguntó al pendejo: Oiga, ¿por qué no toma la moneda de 100 pesos que le ofrecen? A lo que el pendejo contestó: Si la tomo, descubrirán que no soy pendejo, y yo dejaré de ganar varias monedas cada vez que vienen a emborracharse. ¿Es pendejo o sabio alguien así?

En los medios de comunicación y en las redes sociales suele ocurrir que los que opinan se refieran a sus contrarios políticos como “pendejos” por apoyar políticamente a quienes los opinadores consideran los malos. Para esos opinadores los pendejos son los pobres, los que no han tenido educación media superior o superior. Incluso yo estoy parcialmente de acuerdo con esa visión, pero por otras razones, pues no podemos generalizar. De hecho, no creo que el pueblo sea pendejo, pero sí creo que puede ser manipulado informativamente.

Quienes dicen que el pueblo es pendejo piensan que el pueblo no es inteligente, es decir, que no tiene capacidad o habilidad mental para “razonar, planificar, resolver problemas, pensar en abstracto, comprender ideas complejas, aprender rápido y aprender de la experiencia, que es más que una destreza académica o del aprendizaje por medio de libros” (L. S. Gottfredson, Asociación Estadounidense de Psicología). Esta definición de “inteligencia” es básica, pues existen tantas definiciones de inteligencia como teorías psicológicas, pero deja tajante, fuera de la categoría de inteligentes a los que opinan que el pueblo es pendejo. Porque la gran mayoría de los que opinan eso evidencian que no tienen ni la “habilidad” ni la “capacidad mental para comprender ideas complejas”, como lo son la inteligencia o la pendejez de alguien y menos de un pueblo.

Howard Gardner (2003) Inteligencias múltiples) define la inteligencia como “Capacidad de resolución de problemas y la elaboración de productos que sean valorados”. Al mantener el flujo de monedas de manera permanente a cambio de que lo crean pendejo, el supuesto pendejo demuestra que en realidad es inteligente, pues ha creado una idea -que no es cualquier cosa- que deriva en un comportamiento que le permite tener dinero seguro y a la vez burlarse de sus burladores. Gardner creó una Teoría de las Inteligencias múltiples, mediante la cual asegura que en realidad las personas tenemos en mayor o menor grado diversas inteligencias. De acuerdo con eso podemos desarrollar múltiples capacidades y habilidades que nos permitan adaptarnos al nuestro entorno e incluso modificarlo a nuestras necesidades. La inteligencia lingüística o habilidad verbal, la lógica-matemática, la inteligencia musical, la inteligencia espacial, entre otras, que permiten al ser humano expresarse y desarrollarse y resolver problemas. 

De ahí que nombrar “tontos” o pendejos quienes no piensan como nosotros o no son como nosotros, resulta muy arriesgado, pues el hecho de que los guíen intereses diferentes a los nuestros, es otra cosa. Un derechista traidor a la patria, un simpatizante del PRIANRD, tiene un interés al hacerlo, pero no quiere decir que sea pendejo o tonto. Igual sucede con quienes desean (deseamos) un país mejor para nosotros y nuestras familias. De ahí que sería mejor que conociéramos un poco la teoría de la Inteligencia Emocional (1995) de Daniel Goleman, y tratáramos de comprender nuestras emociones y sentimientos para valorar más a los otros, antes de decir que son tontos o pendejos.