Palabras sin reposo

Palabras sin reposo

2021-09-20 | Por DS

Euclides Lacuña

El futuro de América Latina


La importancia de lo que se está tratando en México entre los países integrantes de la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) reunida en México a instancias del presidente Andrés Manuel López Obrador, está en relación directa con la rabia que están mostrando los lacayos de Estados Unidos, representados en varios gobiernos latinoamericanos, y de manera personal y de grupo como en el caso de los conservadores mexicanos, cuyas voces las han tomado los Calderón (Margarita Zavala, Felipe Calderón (FeCal) y su sobrina, todos ellos vividores del presupuesto que tienen décadas como diputados y senadores, y en el caso de FeCal, la presidencia de la república) en el marco de la reunión que culminó este Sábado en Palacio Nacional.

Pero más allá de estos personajes ridículos e inmorales, que han hecho todo lo que está en sus manos para destruir el país y dejarlo en manos de sus patrones los gringos, existen otros lacayos de Estados Unidos, todos ellos sudando calenturas ajenas, que se han pronunciado de manera fuerte y abierta en contra de la visita del presidente de Cuba, Miguel Díaz Canel, y de Nicolás Maduro, presidente de Venezuela, pues según ellos, ambos son dictadores y no tienen derecho a pisar el suelo mexicano. Fuera de esos chillidos histéricos de los enemigos del país, la Cumbre de la CELAC fue un éxito, pues no solo logró una declaración conjunta de los países latinoamericanos contra el bloqueo a Cuba, sino que logró posicionar el malestar regional en contra de la Organización de Estados Americanos como un organismo que no representa más que los intereses de Estados Unidos, y la necesidad de América Latina de organizarse económicamente y políticamente, de acuerdo a sus propios intereses.

La propuesta de crear una organización como la Unión Europea (UE) está latente desde hace varias décadas, desde que UE se creó para organizar los intereses de los países de Europa Occidental, logrando un alto desarrollo de todos ellos a costa de las economías y sociedades de América Latina. La CELAC fue, digámoslo así, “creada” por Felipe Calderón (FeCal) siguiendo las instrucciones del gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica, ante el fracaso de la Organización de Estados Americanos (OEA) en el marco de expansión del modelo económico neoliberal, como una forma de aglutinar las economías de América Latina en torno a los intereses de los estadounidenses, visto ya entonces el fracaso del modelo neoliberal que en esos años había dado todo de sí, y vistas ya las reacciones políticas de la izquierda en países como Ecuador, Argentina, y Brasil. La OEA se convirtió en un organismo destinado a organizar golpes de Estado contra los países con gobiernos de izquierda, como Bolivia, Ecuador, y Brasil.

El gobierno títere de FeCal se prestó para convocar a los países latinoamericanos a conformar la CELAC, como “un mecanismo de concertación e integración regional creado el 3 de diciembre de 2011, en respuesta a la necesidad de realizar esfuerzos entre los Estados de América Latina y el Caribe con el fin de avanzar en la unidad y en la integración política, económica, social y cultural; aumentar el bienestar social, la calidad de vida, el crecimiento económico de la región, y promover el desarrollo independiente y sostenible, sobre la base de la democracia, la equidad y la más amplia justicia social”. (http://s017.sela.org/celac/quienes-somos/que-es-la-celac/).

Si usted se da cuenta los objetivos de esta organización son totalmente contrarios a lo que genera el modelo económico neoliberal, como son la confrontación entre los países (hay que ver los conflictos entre Guatemala, Uruguay y Colombia contra Venezuela. Nunca América Latina había estado más desintegrada política y económicamente que durante la vigencia del neoliberalismo, y su sometimiento a Estados Unidos solo fue superior en la época Colonial.

De ahí que el esfuerzo liderado ahora por el presidente de México tiene un claro fin de recuperación de la soberanía nacional –tan despreciada por los neoliberales- y el fortalecimiento de los países en busca de una unidad verdadera para apoyarse mutuamente y resistir los embates del imperio estadounidense. Ni más ni menos que su propio destino.