Palabras sin reposo

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2021-04-26 | Por DS

Poder Judicial, casta maléfica


Euclides Lacuña


Durante el siglo XIX se consolidó en nuestro país el régimen de explotación económica conocido en la teoría marxista como Feudalismo, basado en el comercio de productos de diversa índole, vía la explotación de mano de obra “acasillada”. (Leer el interesante artículo de “La Servidumbre Agraria en México en la Época Porfiriana” coordinado por Friedrich Katz, y desarrollado por Julio Alejandre Alejo, en Vuelo libre, Nro. 1, octubre de 2006). Este proceso se dio en México a partir de la expropiación de las tierras comunales, obligando a los habitantes de los pueblos a concentrarse en las haciendas propiedad de un individuo o una familia que obligaba a los peones, dueños originarios de las tierras arrebatadas por el hacendado, a trabajar en las tierras a cambio de muchas veces solo la comida. En todos los estados del país, pero principalmente en estados como Querétaro, San Luís Potosí, Sonora, Hidalgo, Estado de México y Yucatán, surgió una clase oligárquica que se enriqueció de manera brutal, llegando a ser llamada la “casta divina” porque estaban bien con Dios, es decir, el presidente. Esa casta oligárquica alcanzó su máximo enriquecimiento a principios del siglo XX, precisamente durante el porfiriato, período que coincidió con el despegue del capitalismo como sistema de producción y explotación económica en nuestro país, que dio lugar a la revolución mexicana para consolidarse como sistema de explotación, desplazando los intentos de socialismo que le impuso el general Lázaro Cárdenas.

Con la llegada del capitalismo a su fase más brutal de explotación, llamada Neoliberalismo, e impulsada en México por el presidente ladrón Carlos Salinas de Gortari, se desarrollaron diversas oligarquías conocidas ahora como empresarios, pero ante el crecimiento del Estado como órgano de control del desarrollo, surgieron oligarquías y castas que llegaron a enriquecerse de manera brutal, mucho más que en el porfiriato. Imagine usted, amigo lector, cómo es que un sujeto ignorante, palurdo, incluso estúpido, como el expresidente Vicente Fox, y un borracho vulgar y asesino como el expresidente Felipe Calderón, llegaron a ser inmensamente ricos, al grado de llegar a ser propietarios de plataformas petroleras adquiridas en sus mandatos presidenciales.

Esas castas maléficas para el país, se extendieron a diversos sectores del Estado nacional, el cual sirvió solo para esos fines, pero no para garantizar la seguridad, el empleo y la estabilidad a los ciudadanos. Unas de esas castas las encontramos en el Instituto Nacional Electoral (INE) en el cual su consejero presidente del Consejo General, Lorenzo Córdoba, maneja como todo un hacendado al INE, apoyado en sus consejeros. Sus salarios, dos veces superiores al que gana el presidente de la república, lo vale, aunque sea violando la Constitución que establece que nadie debe ganar más que el presidente, y que está en la Constitución desde antes que gobernara el presidente Andrés Manuel López Obrador.

Otra casta maléfica, que pone las peores barreras para impedir que el nuevo gobierno pueda impulsar sus programas sociales de apoyo a los más pobres es la casta judicial, integrada por los ministros y magistrados de la Suprema Corte de justicia de la Nación (SCJN) y los jueces de Distrito, que llegaron a constituir una de las castas más maléficas del país al ser la base para que la corrupción y la delincuencia organizada pudieran instalarse como un poder real en México. Esta casta maléfica cuenta con diversos fideicomisos gubernamentales a través de los que se dan vida de reyes, como el “de Pensiones Complementarias de Magistrados y Jueces Jubilados, con saldos por un monto de 4 mil 132 millones 698 mil 764.14 pesos; el Fideicomiso para el Desarrollo de Infraestructura que Implementa las Reformas Constitucionales en Materia de Justicia Federal; el Fideicomiso de Apoyos Médicos Complementarios y de Apoyo Económico Extraordinario para los Servidores Públicos del Poder Judicial de la Federación con Excepción de los de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Presenta un saldo de 66 millones 504 mil 779.54 pesos. Entre septiembre y enero del año pasado recibió aportaciones por 71 mil 500 pesos, tuvo rendimientos por 827 mil 811.55 pesos y registró egresos por 1 millón 107 mil 342.27 pesos. En este fideicomiso participan como fideicomitentes el propio CJF y el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación; el Fideicomiso para el Mantenimiento de Casas Habitación de Magistrados y Jueces presenta saldos de 47 millones 467 mil 532.94 pesos. En el último trimestre del año pasado tuvo aportaciones por 5 millones 792 mil 442.95 pesos”. Tomado del Diario Oficial de la Federación, citado por la revista Contralínea.mx).