La importancia de un nuevo discurso y nuevos medios
Euclides Lacuña
En un gobierno cualquiera el discurso es de lo más importante, pues significa el medio y el modo como el gobierno se comunica con sus gobernados. Vicente, el asno mostrenco, manejó un discurso totalmente pro empresarial y antipopular, pues su gobierno, lo dijo desde el primer día en que fue ungido en la Cámara de Diputados, era un gobierno de empresarios para empresarios.
Vicente Fox y Fecal (Felipe Calderón) construyeron un discurso al gusto de las oligarquías empresariales de México y el extranjero, a las cuales mantuvieron hasta la saciedad, con recursos públicos, mediante la exención del pago de impuestos, el mantenimiento por decreto de los salarios en niveles bajísimos sacrificando a los trabajadores; permitiendo la creación de mecanismos de contratación como el outsoursing, que dejaba sin derechos laborales a los trabajadores así contratados; reformando la Ley Federal del Trabajo, al tiempo que usaron miles de millones de dólares provenientes de la venta de petróleo, para beneficiar sin límites a una burocracia gubernamental que no tiene llenadero, mediante el pago de salarios propios de reyes y jeques de oriente.
El mecanismo para llevar el discurso creado, hasta las clases pobres de México, fueron los medios de comunicación tradicionales como la radio y la televisión, y los recién surgidos portales de internet, en donde vivales sin madre y sin ningún límite en su corrupción personal, llegaron a convertirse en “influencers”, es decir en personas que se convierten en líderes de opinión por llevar un mensaje que a los seguidores les es agradable escuchar. Personajes como Callo de hacha, Luisito comunica, Werevertomorro, Tumbaburros, y otros fenómenos mediáticos que tienen influencia entre los jóvenes y adolescentes, y que gozan de una libertad sin límites para decir sartas de sandeces y estupideces cuando hablan de política y de insultos al presidente si son derechistas, llegaron a cobrar varios millones de pesos a los gobiernos derechistas por difundir una bonanza que solo ellos tenían. Eso ha posibilitado que la derecha mexicana pueda mantener una clientela segura, sobre todo entre jóvenes de clase media baja, y alta, que se sienten afectados por las medidas anticorrupción y de rebajas salariales salariales impuestas por el nuevo gobierno como parte de una política de austeridad.
Eso no es malo. La Constitución mexicana establece la libertad de expresión en el país, y el presidente Andrés Manuel López Obrador ha sido el más interesado en que haya respeto a esa libertad de expresión. El problema es que los partidos de izquierda mantienen una postura equivocada en su relación con los medios de comunicación que los apoyan y que construyen un discurso propio de sus políticas públicas. Los políticos de izquierda creen que los medios de comunicación que los apoyan están obligados por simple profesionalismo a decir las cosas como se deben decir, y a favor de los gobiernos de izquierda. Cuando no es así, tratan de comprar a los periodistas y medios opositores otorgándoles jugosos contratos, mientras que a aquellos medios y periodistas que han luchado por una transformación social, los dejan desprotegidos. Esa ha sido y es, pues se mantiene, una postura por demás ilógica e injusta, pues si los políticos de izquierda no son capaces de construir discursos acordes a las nuevas realidades, lo hacen los periodistas y medios que tienen compromiso social.
El nuevo gobierno de AMLO ha perdido muchas simpatías en las clases bajas por esa carencia de un discurso acorde a las condiciones sociales y políticas del momento, y por la ausencia de medios acordes para llevarlo a las clases bajas. Siguen apoyándose y pagando a medios y periodistas que ya han demostrado ser solo vividores del erario y que no tienen ningún compromiso social, que no saben crear discursos diferentes, a los que les basta con no atacar a los izquierdistas para estar mutuamente contentos. Porque hay muchos cambios benéficos, pero no han sido capaces de llevarlos discursivamente a la población beneficiada, lo que ha aprovechado la derecha cómodamente.