Y cuando la encuentra, la
pone sobre sus hombros gozoso. Lucas 15:5.
En el mandato dirigido a sus
discípulos, Cristo no sólo esbozó su
obra, sino que les dio su mensaje. Enseñad al pueblo, dijo, “que guarden todas
las cosas que os he mandado”. Los discípulos habían de enseñar lo que Cristo había
enseñado. Ello incluye lo que él había dicho, no solamente en persona, sino por
todos los profetas y maestros del Antiguo Testamento. Excluye la enseñanza
humana. No hay lugar para la tradición, para las teorías y conclusiones humanas
ni para la legislación eclesiástica. Ninguna ley ordenada por la autoridad
eclesiástica está incluída en el mandato. Ninguna de estas cosas han de enseñar
los siervos de Cristo. “La ley y los profetas”, con el relato de sus propias
palabras y acciones, son el tesoro confiado a los discípulos para ser dado al
mundo. El nombre de Cristo es su consigna, su señal de distinción, su vínculo
de unión, la autoridad de su conducta y la fuente de su éxito. Nada que no
lleve su inscripción ha de ser reconocido en su reino.Cristianismo
El Evangelio no ha de ser
presentado como una teoría sin vida, sino como una fuerza viva para cambiar la
vida. Dios desea que los que reciben su gracia sean testigos de su poder. A
aquellos cuya conducta ha sido más ofensiva para él los acepta libremente;
cuando se arrepienten, les imparte su Espíritu divino; los coloca en las más
altas posiciones de confianza y los envía al campamento de los desleales a
proclamar su misericordia ilimitada. Quiere que sus siervos atestigüen que por
su gracia los hombres pueden poseer un carácter semejante al suyo y que se
regocijen en la seguridad de su gran amor. Quiere que atestigüemos que no puede
quedar satisfecho hasta que la familia humana esté reconquistada y restaurada
en sus santos privilegios de hijos e hijas.
En Cristo está la ternura
del pastor, el afecto del padre y la incomparable gracia del Salvador
compasivo. El presenta sus bendiciones en los términos más seductores. No se
conforma con anunciar simplemente estas bendiciones; las ofrece de la manera
más atrayente, para excitar el deseo de poseerlas. Así han de presentar sus
siervos las riquezas de la gloria del don inefable. El maravilloso amor de
Cristo enternecerá y subyugará los corazones cuando la simple exposición de las
doctrinas no lograría nada… Cristo está retratándose en cada discípulo. Dios ha
predestinado a cada uno a ser conforme “a la imagen de su Hijo”. Romanos 8:29.
En cada uno, el longánime amor de Cristo, su santidad, mansedumbre,
misericordia y verdad, han de manifestarse al mundo.—El Deseado de Todas las
Gentes, 766-767