Homero Rodríguez Serrano
LA EMBESTIDA CONTRA XOCHILT.
La historia política de Andrés Manuel, el inquilino principal de Palacio Nacional, nos dice que nunca ha reconocido una derrota en las elecciones en que ha participado. ¡Nunca! La diferencia con las veces anteriores es que hoy es el presidente de la República, y de manera “audaz” se ha asegurado la lealtad de nuestro Ejército, utilizando para ello, los recursos del erario que maneja a placer como si fuera su dueño.
Así que, a menos que gane alguna de sus “corcholatas” incondicionales en 2024, no se va a dar en nuestro país ese reconocimiento por parte del mandatario y por lo tanto, será muy difícil una transición pacífica. Para el tabasqueño, las opciones únicas son la reinstauración de la dictadura por la vía del Maximato o por la vía del golpe. Pero jamás el reconocimiento de la derrota. La estabilidad social está en riesgo.
El asunto urgente es que no está dispuesto a arriesgarse a llegar hasta allí. No es la primera vez que lanza todo el poder del Estado que le otorgamos en 2018, -yo, vote por él-, contra sus enemigos o críticos, y contra quien hoy se erige como su enemiga más temible, no tiene por qué ser la excepción.
Contra Xóchitl, ha lanzado una embestida masiva y lanzado a su división Panzer a atacarla por todos lados para neutralizarla y descarrilarla de una campaña presidencial que, gracias a su espontaneidad, despertó interés y, para la oposición, una esperanza de que Morena, con Claudia Sheinbaum o con cualquier candidato impuesto en Palacio Nacional, puede ser vulnerable. López Obrador, como nadie, sabe que si no la elimina de la contienda puede seguir creciendo y convertirse en la profecía autorrealizable, donde una creencia se vuelve realidad.
Para comenzar a azuzar el encono, la semana pasada anunció, como si fuera un agravio, que sus dos empresas habían ganado mil 400 millones de pesos. A los pocos días, en Oaxaca, porros de Morena fueron enviados a acosarla públicamente, al tiempo que un diputado morenista fue y la denunció ante la FGR, presidida por un Gertz Manero reconocido mundialmente por usar su cargo para motivos personales o políticos. ¡Un bandolero encargado de la aplicación de la justicia!
¿Los delitos? Los favoritos para eternizarse en las cortes: lavado de dinero, evasión fiscal y enriquecimiento ilícito. Haciendo el uno-dos, Víctor Hugo Romo, el ex delegado de la Miguel Hidalgo a quien la misma Xóchitl le arrebató el cargo y lo investigó por su desbordada corrupción, la acusó a ella y a su familia ante la fiscalía capitalina, otro faro de imparcialidad y pulcritud, por “corrupción, enriquecimiento ilícito y tráfico de influencias”.
Ante esta lluvia de acusaciones, Gálvez contraatacó y anuncio que va a presentar una demanda penal en contra de López Obrador por divulgación de información confidencial, violar el Código Fiscal, y abuso de autoridad al pedir información al SAT, donde formalmente no tiene acceso. Acaba de reiterar que sus abogados la están preparando y en unos cuantos días la presentara. Además, ya lo acuso en el Instituto Nacional Electoral de violencia política de género.
Sin duda, que todo esto, pone en riesgo la vida de la senadora hidalguense y el presidente, en vez de disponer para ella un sólido equipo de seguridad, inventa que las advertencias publicadas respecto a los eventuales trances en que la ha colocado desde la picota de Palacio responden a una conspiración.
Asegura que Joaquín López-Dóriga, Héctor Aguilar Camín, Beatriz Pagés y Raymundo Riva Palacio impulsan una perversa y fascista campaña para culparlo de lo que pudiera sucederle a la precandidata opositora. Como si los habitantes de todo el país, estuviéramos ciegos y sordos y no nos diéremos cuenta de sus perversas jugadas políticas con tal de conservar el poder.
La ruta está muy cantada. Si los mexicanos permitimos los ataques físicos, personales y políticos desde el poder contra la única candidata a la fecha capaz de darle pelea legal y legítima a la dictadura que López se apresta a instaurar, nos la mereceremos entera. Saludos amigos.