Finalmente, sed todos de un
mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables.
1 Pedro 3:8.
Cristo vino a poner la
salvación al alcance de todos. Sobre la cruz del Calvario pagó el precio
infinito de la redención de un mundo perdido… Su misión estaba destinada a los
pecadores: de todo grado, de toda lengua y nación… Los que más yerran, los más
pecaminosos, no fueron pasados por alto; sus labores estaban especialmente
dedicadas a aquellos que más necesitaban la salvación que él había venido a
ofrecer. Cuanto mayores eran sus necesidades de reforma, más profundo era el
interés de él, mayor su simpatía, y más fervientes sus labores. Su gran corazón
lleno de amor se conmovió hasta sus profundidades en favor de aquellos cuya
condición era más desesperada, de aquellos que más necesitaban su gracia
transformadora…Romance
Para salvar a los que
yerran, debemos cultivar el espíritu con que Cristo trabajó. Ellos le son tan
caros como nosotros. Son igualmente capaces de ser trofeos de su gracia y
herederos del reino. Pero están expuestos a las trampas del astuto enemigo,
expuestos al peligro y a la contaminación, y sin la gracia salvadora de Cristo,
a la ruina segura. Si nosotros considerásemos este asunto en su debida luz,
¡cómo se vivificaría nuestro celo, se multiplicarían nuestros esfuerzos
fervientes y abnegados, a fin de acercarnos a aquellos que necesitan nuestra
ayuda, nuestras oraciones, nuestra simpatía y nuestro amor!—Joyas de los
Testimonios 2:246, 248, 249.
Acercaos al gran corazón de
amor compasivo y dejad que la corriente de esa compasión divina fluya a vuestro
corazón, y de vosotros a los corazones ajenos. Sea la ternura y misericordia
que Jesús reveló en su preciosa vida un ejemplo de la manera en que nosotros
debemos tratar a nuestros semejantes, especialmente a los que son nuestros
hermanos en Cristo… Nunca seáis fríos, sin corazón y simpatía, ni dados a la
censura. Nunca perdáis una oportunidad de decir una palabra que anime e inspire
esperanza. No podemos decir cuánto alcance pueden tener nuestras palabras
tiernas y bondadosas.—Ibid. 255, 256. (Traducción revisada.)