Homero Rodríguez Serrano
LOS NUEVOS LIBROS DE TEXTO.
Para desgracia de México y de su niñez, todas las aberraciones políticas del gobierno de la Cuarta, han anidado en los libros de texto. No soy de los que creen que sólo la ineptitud define a este gobierno, antes al contrario, siempre hay mucho más: el desprecio por el conocimiento, el encumbramiento de la ignorancia, la defensa anticientífica, el antiintelectualismo, la ilegalidad como sello de casa, el descuido de los programas, y, desde luego, la ineptitud. Todo esto se sintetiza en las páginas de los nuevos libros.
¿Alguien más incapaz que Marx Arriaga? Pues a él le encargaron los libros de texto que derribarán el nefasto muro neoliberal que impide la transformación. ¿Así, o más regresivo? Este ridículo funcionario dice que defenderá con su vida la basura que ha mandado imprimir en cientos de miles de ejemplares bajo un manto de opacidad.
Debo de aceptar que hojeo con cierto desgano los nuevos libros y encuentro ante todo un atentado a la libertad, y no exagero. No necesito ser un especialista en educación para saberlo. Quien lea estos libros y las guías de los maestros entrará a la indeseable sala de la oscuridad del conocimiento.
Al ir abriendo sus páginas, van apareciendo abundantes faltas de ortografía, sintaxis y gramática, infografías plagiadas de templetes genéricos, el estilo entre pomposo, indigesto y cantinflesco, errores e imprecisiones en los datos. Además de que fueron hechos en la opacidad, con su metodología reservada por cinco años, por el entenado de la esposa del Presidente a espaldas de los padres de familia y de educadores expertos.
Sí, porque el gobierno de la República acaba de soltar una prenda más que lo acredita como tal: reservar hasta 2028 la información sobre su elaboración. Lo que de ninguna manera debiera permitirse porque los recursos que se están invirtiendo en su elaboración son de nuestros impuestos. La verdad es que López Obrador está protegiendo a esos genios para los que los nazis quemaron los libros en la Segunda Guerra Mundial, que es posible multiplicar 4 mangos por 2 mangos y que Querétaro está en Guanajuato y al revés. No se vaya a dar una fuga de cerebros.
O todavía peor, en el libro Nuestros Saberes de tercer grado de primaria se observa en la página 18 una cronología de Benito Juárez, expresidente de México. En dicha línea del tiempo sobre su vida, con la que se explica cómo funcionan los textos en orden cronológico, se indica que nació el 18 de marzo de 1806, siendo que este nació el 21 de marzo, fecha por la que los trabajadores formales, así como estudiantes, tienen un día de descanso debido a su relevancia a nivel nacional.
Las justificadas críticas, se han centrado en un mal llamado sesgo ideológico, y digo mal llamado porque esas páginas, más que abordar con seriedad conceptos tan válidos como el colonialismo o la lucha por los derechos humanos, contienen meros eslóganes, puyas y frases hechas aglutinadas bajo la etiqueta de un izquierdismo setentero, latinoamericanista y resentido.
No he presentado mis credenciales: estudié en escuelas públicas. En ese entonces, un alumno de la heroica primaria “Ignacio Manuel Altamirano”, la famosa IMA de ciudad Altamirano Guerrero, más o menos arriba del promedio, podía competir con un alumno de una escuela privada y ganarle concursos de ortografía, o matemáticas, o lengua nacional. Luego este orgullo público desapareció roto en mil pedazos de crisis, corrupción, ineptitudes y mucho más. No había dos Méxicos tan marcadamente divididos.
El desastre en su contenido ha provocado que en los estados donde gobierna la oposición, algunos mandatarios promueven frenar su distribución y otros entregarán su propio material educativo o guías para corregir los errores que les mandó la Federación. Los gobernadores de Morena expresan lo contrario, para ellos todo es feliz, feliz, feliz.
Ya se les está haciendo costumbre y parece el sello de la casa. Una buena idea mal implementada, así como entregar un aeropuerto sin vuelos, una refinería que no refina o destruir la selva para que pase un tren. Y si los libros de texto tienen errores no se vale quejarse. Total, son gratis. Bueno, eso es lo que dicen aunque ya sabemos que son muy mentirosos. Saludos amigos.