Los molestos con el cambio
Euclides Lacuña
La recuperación del poder del Estado mediante la separación de lo político y lo económico, es la principal estrategia de cambio del presidente de la república Andrés Manuel López Obrador, con lo cual además se busca recuperar la soberanía nacional que para los oligarcas de México y la clase política neoliberal, sencillamente no existía, lo que los llevó a subastar los bienes nacionales incluidos los estratégicos como la electricidad y el petróleo, y abrirlos a la rapiña nacional y extranjera. El presidente ha insistido en que los empresarios se dediquen a crear empleos, no a intervenir ni dictar las políticas de Estado, las cuales solo corresponden a los gobernantes mediante el diálogo con los entes económicos. A la clase política neoliberal la sociedad las está poniendo en su lugar al responsabilizarla de la debacle económica, política y social, que mantiene al país en ruinas y ampliamente polarizado.
En el combate a la corrupción, segundo eje de la Transformación que el presidente encabeza, se ha dirigido a sanear la vida política y económica del país, sometiéndola a un estado de derecho en el que las cosas se hagan conforme a lo que establece la ley, sin que cuenten los privilegios y los derechos de sangre, como se había establecido. La eliminación de privilegios a la clase empresarial como no pagar impuestos por miles de millones de pesos que les eran condonados por la Secretaría de Hacienda, necesariamente ha generado respuestas airadas de los oligarcas, que se convierten en gritos estruendosos que todos los días se escuchan en diversas tonalidades y niveles en los medios de comunicación y en las redes sociales, calificando al presidente de tirano, autoritario, y émulo de Hugo Chávez.
El cambio impulsado por el presidente AMLO al redirigir el apoyo que se destinaba con anterioridad a los poderosos dueños del dinero, hacia los pobres, es motivo de toda una campaña de ataques desde los medios de comunicación y de las redes sociales afines, manejadas por personajes que gracias al apoyo gubernamental se convirtieron en “influencers”, y “líderes de opinión” que se encargan de movilizar las mentes juveniles en contra del presidente AMLO.
Otra de las líneas del cambio hacia la Cuarta Transformación es el cambio del Poder Judicial el que, como se ha dicho en este espacio, obedece a los anteriores gobernantes y oligarcas del país. La mayoría de los magistrados y ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación está en poder de personajes afines a los anteriores gobernantes, los cuales los colocaron allí para defender los contratos que el gobierno mexicano firmó con empresas nacionales y extranjeras para entregar los recursos nacionales estratégicos como el petróleo y la electricidad. La lluvia de amparos que se han otorgado de inmediato a las empresas solicitantes contra la nueva ley energética, es clara muestra de que los jueces y ministros están dispuestos a defender a capa y espada a quienes los colocaron en esos espacios, sin importarles el interés de la nación, y sin importarles si de esa forma traicionan a la patria.
De ahí que resulta de total importancia una reformulación de la integración de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, y un cambio profundo en la forma como los ministros y jueces se han conducido como representantes y defensores de la legalidad y del interés de la nación ante los intereses de otras naciones. Caracterizada por el entreguismo, por la sumisión a los dictados del Poder Ejecutivo de corte neoliberal, la Suprema Corte se ha convertido ahora en uno de los principales enemigos del presidente AMLO que intenta recuperar lo que los gobiernos neoliberales legalmente entregaron a las empresas extranjeras sin considerar la legitimidad de sus actos ni lo que pensara el pueblo de México. Recuperar el poder judicial es fundamental para que se sustenten jurídicamente, los fundamentos y orientaciones de la Cuarta Transformación. Hacia allá deben conducirnos los diputados federales que elegiremos este mes de junio. De ahí la importancia d esta elección no solo en Guerrero, sino en todo el país. Está en juego el futuro de México.