El reto no está afuera, sino adentro

El reto no está afuera, sino adentro

30 de junio de 2026 | Por DS

DESPEJAR

El reto no está afuera, sino adentro

MISAEL TAMAYO NÚÑEZ

 

La presión política para Morena a escala nacional y de cara a la comunidad internacional, es extrema. La derecha avanza en toda la América Latina, financiada auspiciada por la derecha de Estados Unidos, y la llamada “ola roja” que se afianzó en la región latinoamericana agoniza.

Brasil y México son los únicos bastiones de esa ola que rompió o que al menos trató de romper el círculo dictado por el neoliberalismo, que colmó de pobres el continente y creó un puñado de mega ricos. Lamentablemente, la derecha ha vuelto con sus peores representantes, como recientemente sucedió en Colombia, con el triunfo (con menos de 1 punto de ventaja), del abogado ultraderechista Abelardo De la Espriella, el mismo que dijo que las mujeres votan con sus genitales, no con la cabeza; el que se declaró “lesbiano” porque le encantan las mujeres; el que dijo que ganó el voto femenino por sus tanates...y cosas peores.

De la Espriella es un acaudalado abogado privado que promete ser una mezcla entre la cleptocracia de Trump, la torpeza económica del argentino Milei, el nacionalismo racista del brasileño Bolsonaro y el encarcelamiento masivo de Bukele.

Tras el triunfo del colombiano, todo mundo volteó a ver a México. Y la pregunta es ¿sobrevirirá la Cuarta Transformación al intervencionismo estadounidense? ¿O le pasará a Claudia Sheinbaum lo mismo que a Gustavo Petro en Colombia? ¿Qué significaría eso para los mexicanos? ¿Volver al prianismo, ya sin PRD pero con el nuevo partido rosa operando? ¿Repetirá México otro Calderonazo, como en 2006?

En este mundo matraca, nadie se escapa. Si Morena no cuida sus pasos, y si los aspirantes a cargos de elección popular se desbocan en pos de sus propios intereses, en lugar de anteponer los intereses de la Cuarta Transformación, veremos la misma historia.

Por eso la de 2027 es una elección decisiva. Y antes que eso, la elección interna de los coordinadores estatales, es la antesala, pues el que resulte electo irá a una elección que en la mayoría de los 17 estados en disputa será meramente un trámite.

Aguas porque los vemos haciendo campañas personalizadas. No están informando como fue el mandato del partido, acerca del riesgo que corre la patria con la injerencia extranjera. Sus recorridos son para eso, para encabezar las asambleas informativas. Que la gente sepa la importancia de defender este proyecto de gobierno y respaldar a la presidenta Sheinbaum en su posición frente al intervencionismo extranjero, y frente a la embestida de la derecha nacional, alineada con lo peor de la clase empresarial.

Los vemos trayendo agua a su molino, mientras la presidenta Sheinbaum se enfrenta a los 4 jinetes del Apocalipsis: Trump, DEA, CIA y la derecha reaccionaria y clasista de dentro y de fuera.

Aguas con los proyectos como el de Esthela Damian Perata, por el que se van a colar los agoreros del viejo régimen en Guerrero, y como seguramente está sucediendo en todos los estados que renovarán sus gubernaturas.

A falta de candidatos ganadores, los tricolores se están moviendo a una velocidad vertiginosa hacia Morena. Al inicio, muy visibles. Actualmente ocultos pero movilizados tras bambalinas y decididos a tomar por asalto la candidatura en Guerrero.

Y en este contexto, conviene revisar también la relación con los partidos aliados, el Verde y el PT. Los líderes de estos partidos acaban de tronar una reforma electoral que era crucial para el país, que implicaba reducir el derroche en prerrogativas y hacer que todos los que lleguen al Congreso federal asumen por voto. Tan sólo por ese antecedente, Morena debe revisar su contrato con estos partidos, sobre todo con los verdes, que antes fueron eternos aliados del PRI y del PAN.

Puesto esto sobre la mesa y siguiendo el caso de Colombia, el error de Petro fueron sus mismos aliados. Él llegó al poder con una coalición de partidos, y no todo eran de izquierda; incluso los había conservadores. Cuando el presidente colombiano comenzó su serie de medidas para cambiar la situación del país, de su equipo salieron las primeras quejas, que luego se tradujeron en franca oposición en el Congreso nacional.

Petro se impuso en temas que molestaron a sus aliados, como el incremento al salario que afectaba a la empresa. Pidió la renuncia de su gabinete y lo rehizo en medio de una emergencia política, dejando profundas heridas en el equipo que lo llevó al poder.

Llegado el momento, le cobraron la factura. Los aliados inconformes fueron las principales voces que modificaron el voto de la clase media, que aunque ya muy reducida en un país empobrecido, aún pesa. Igual que en México.

Y nada tan efectivo para cambiar el voto volátil de los clasemedieros como inundarlos de mensajes en contra del gobierno, asustándolos con perder lo que ya tienen ganado: trabajo, posesiones, incluso religión. Tal cual en México sucede con la narrativa de la derecha inundando rede sociales, con los ex violentos hablando de violencia, y con los que sembraron la inseguridad, hablando de inseguridad.

Por todo esto, si Morena no desea que que en 2030 la derecha esté infiltrada en sus filas hasta la cocina, colonizando al partido y apoderándose de los principales puestos de gobierno y de representación social, debe cuidar su proceso interno de 2027.