Amarás al Señor tu Dios con
todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus
fuerzas. Este es el principal mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a
tu prójimo como a ti mismo. Marcos 12:30, 31.
De estos dos mandamientos
dependen todo el interés y el deber moral. Los que cumplen su deber hacia los
demás en la misma forma en que quisieran que los demás lo hicieran con ellos,
se ubican en tal posición que Dios puede revelarse a ellos. Serán aprobados por
él. Serán perfeccionados en amor y sus labores y oraciones no serán en vano.
Estarán recibiendo continuamente gracia y verdad de la Fuente principal, y
comunicarán sin restricciones a los demás la luz divina y la salvación que
reciban…
El egoísmo es abominación a
la vista de Dios y de los santos ángeles. Por causa de este pecado muchos dejan
de alcanzar el bien que estarían en condiciones de gozar. Contemplan con ojos
egoístas sus propias cosas y no aman ni buscan el interés de los demás tal como
ocurre con lo suyo. Invierten la orden de Dios. En lugar de hacerles a los
demás lo que les gustaría que los otros hicieran por ellos, hacen por sí mismos
lo que les gustaría que los otros hicieran por ellos, y les hacen a los demás
lo que les disgustaría que les hicieran a ellos.—Testimonies for the Church
2:550, 551.
¿Cómo es posible que podamos
crecer en gracia? Es posible sólo si vaciamos el corazón del yo y lo
presentamos al Cielo para que sea moldeado de acuerdo con el Modelo divino.
Debemos tener conexión con el viviente canal de luz; podemos ser refrigerados
por el rocío celestial, y dejar que las lluvias del Cielo desciendan sobre
nosotros. Al apropiarnos de la bendición de Dios estaremos en condiciones de
recibir mayores cantidades de su gracia. Al aprender a mantenernos como viendo
al Invisible, seremos transformados a la imagen de Cristo. La gracia de Cristo
no hará de nosotros seres orgullosos, ni encumbrará nuestro yo, sino que
llegaremos a ser mansos y humildes de corazón.—The S.D.A. Bible Commentary
7:947.Explorar Libros
El crecimiento en la gracia
no os inducirá a ser orgullosos o jactanciosos, ni alimentará vuestra confianza
propia.—Meditaciones Matinales, 107.