Homero Rodríguez Serrano
EL PRI, SU ORIGINES Y 94 AÑOS DE VIDA.
La de nuestro país, es considerada una de las democracias más longevas del mundo. A diferencia del resto de Latinoamérica —cuya historia reciente está marcada por los conflictos armados, las guerras civiles y las dictaduras militares—, desde 1930, todos los presidentes mexicanos han concluido sus mandatos sexenales y sin posibilidad de reelección. Desde entonces, tampoco se ha dado ningún golpe de Estado militar y, hasta el momento, la Constitución de 1917 se mantiene vigente otorgando estabilidad institucional, sobre todo, al compararse con las otras naciones de la región.
Sin embargo, la realidad política de México a lo largo del siglo XX ha llevado al cuestionamiento de la democracia que tenemos. La permanencia en el gobierno del Partido Revolucionario Institucional —también conocido como PRI— durante setenta años dio lugar a lo que el politólogo Giovanni Sartori llamaría un “ “sistema de partido hegemónico”, en el cual la diversidad política y la participación se ven limitadas por la monopolización del poder. En 1990, el escritor peruano, Mario Vargas Llosa, le endilgo al sistema mexicano el calificativo de “dictadura perfecta” caracterizada por “la permanencia; no de un hombre, pero sí de un partido que es inamovible”.
El tricolor, se adueñó literalmente de todas las instituciones políticas entre los años 1930 y 2000, centralizando el poder en los diferentes niveles de gobierno. Las decisiones políticas del partido determinaron el curso de la economía y la sociedad del país a lo largo del siglo XX, por lo que hasta la actualidad siguen presentes en la sociedad mexicana vestigios importantes de esta “dictadura perfecta”.
La legitimidad del PRI ha variado a través del tiempo: lo que al principio se percibía como un proyecto revolucionario que concentraba en su ideario los intereses de gran parte de la población evolucionó, dando lugar a un partido autoritario cuya integridad se deshacía tras cada episodio de represión, fraude electoral y corrupción. Debido a la desconfianza ciudadana, desde 1980, comenzó a perder puestos de poder progresivamente, hasta llegar al 2000, a su histórica derrota en las elecciones presidenciales frente al candidato del Partido Acción Nacional, Vicente Fox. Desde entonces, ha formado parte de la oposición, a excepción del sexenio entre 2012 y 2018, cuando volvió al poder con Enrique Peña Nieto como presidente.
Como su nombre lo indica, surge en la Revolución mexicana de 1910, movimiento que se gestó contra el régimen dictatorial de Porfirio Díaz, que había gobernado desde 1876. A lo largo de 35 años de dictadura, México experimentó un notable crecimiento económico y mantuvo una gran estabilidad. Sin embargo, los costos políticos y sociales fueron muy altos, perjudicando especialmente a los sectores más marginados de la sociedad, como lo son los pueblos indígenas, campesinos y obreros.
El movimiento armado encabezado por Madero, dio lugar a un periodo de gran inestabilidad a partir de 1910, marcado por las revueltas militares, los levantamientos religiosos y la guerra civil, entre otras formas de violencia política. Se calcula que entre uno y dos millones de personas murieron durante el periodo armado de la revolución, entre los que se encuentran líderes revolucionarios como Francisco Pancho Villa, Francisco Madero, Venustiano Carranza, Álvaro Obregón y Emiliano Zapata.
La estabilidad política fue restaurada hasta 1929. En ese año, el presidente Plutarco Elías Calles, junto a otros líderes revolucionarios, fundaron el Partido Nacional Revolucionario, con el propósito de centralizar el poder político que durante la Revolución se había dispersado. La idea de Calles, era la de acabar con el caudillismo y dar pie a una “nación de instituciones” en la que se unificaran los elementos revolucionarios.
En el naciente instituto, se congrego una diversidad de partidos, tanto locales como nacionales, que se habían creado desde 1910 y que entonces apoyaron al nuevo Gobierno, creando lo que llamarían “la gran familia revolucionaria”. En 1929, proliferaban en México 51 partidos registrados; en cuatro años, el número se redujo a cuatro. Poco a poco, el sonorense fue construyendo las bases institucionales mediante las que el gobierno central ganó terreno frente a los poderes locales.
El PNR legitimó su permanencia en el poder en un aparente sistema democrático, que se sustentaba en la celebración de elecciones periódicas y en la existencia de una oposición política. Sin embargo, para alcanzar la estabilidad pretendida por “Don Plutarco” se implementaron estrategias que facilitaron el control del mando. Una de las más importantes fue la concentración del poder político en el presidente, al que se consideraba el portador de la tradición revolucionaria y un símbolo de unidad en una nación social y geográficamente diversa.
La Carta Magna de 1917 privilegio al ejecutivo, edificando un sistema político en el que el presidente es el receptor de competencias que le otorgan un papel decisivo en el desarrollo de la política del país. Tanto es su poder, que muchos investigadores lo describen como un “presidencialismo imperial”. Dentro del partido, por ejemplo, es el responsable de designar al candidato que lo suceda, así como seleccionar, aprobar o proponer las candidaturas para los puestos de elección popular. De esta forma, la trayectoria del PRI —y por lo tanto, del Estado mexicano— ha estado estrechamente ligada a la voluntad y a las intenciones políticas del mandatario en turno. Sin embargo, la Constitución de 1917 prohibió la reelección y estableció el ciclo de sexenios que hasta hoy prevalece.
Este proceso de centralización del poder, culminó con el Gobierno de Lázaro Cárdenas, el sucesor a Plutarco Elías Calles, entre 1934 y 1940. En 1938, el PNR pasó a llamarse Partido Mexicano Revolucionario (PMR), y reformó por completo su estructura interna, transformándola en una corporativista. Con la creación de organizaciones como la Confederación de Trabajadores de México (CTM), la Confederación Nacional Campesina (CNC) y la Confederación Nacional de Organizaciones Populares (CNOP) —cuyos miembros tenían que militar en el partido— se integró en el PRM a los cuatro principales sectores de la sociedad mexicana: campesinos, obreros, militares y “populares” —organizaciones sociales de las clases medias profesionales—. Dado que la CTM, la CNC y la CNOP reunían la mayoría de los sindicatos y federaciones del país, el PRM se fue transformando en un partido de masas, con una base militante de más de 7 millones de personas.
No fue hasta 1946 que el Partido Revolucionario Institucional pasó a llamarse como tal. Antes se llamó Partido Nacional Revolucionario y Partido Revolucionario Mexicano. Saludos amigos.