Encinas
Alejandro Encinas, el subsecretario de Derechos Humanos del gobierno federal, renunció al cargo para sumarse a la campaña de Claudia Sheimbaum, dejando a medias el Caso Ayotzinapa que se le asignó desde el momento en que el presidente de la República determinó reabrir el caso y crear una comisión de la verdad.
Pese a los avances que se le reconocen en el caso, dichos por el mismo abogado de los padres de los 43 estudiantes normalistas desaparecidos, Encinas también tuvo errores; quizás no son errores propios ni voluntarios, sino el precio de estar en medio de aguas turbulentas, siempre entre la espada y la pared, con la presión de Palacio Nacional enfrente, pero con la espada del corrupto Poder Judicial detrás.
A encinas, sinceramente, le tocó bailar con la más fea. Mientras que el resto de los secretarios trabajaban disfrutando de los avances de la Cuarta Transformación, Encinas estaba atrapado en una trama sin fin, que seguramente lo desgastó física, psíquica y emocionalmente. A cualquiera le habría pasado.
Se entiende cómo fue su ingrato trabajo, cuando ayer el mismo presidente dijo que está considerando enderezar una denuncia en contra del ex fiscal del caso, Omar Gómez Trejo, para fincarle responsabilidades por el delito de obstrucción de la justicia.
¿A qué se refiere el presidente? A que el mismo fiscal especial del Caso Ayotzinapa, que se supone debía acelerar las órdenes de detención, conforme se iban entregando los avances de la investigación, resultó ser el que desde dentro de la fiscalía especial manejaba los hilos y acuerdos para que el caso no avanzara o más bien se desviara.
Desde el extranjero, Gómez Trejo dijo en septiembre que el gobierno federal reventó el caso, al retirar la orden detención de más de 80 personas, incluidos 20 militares, dando a entender que el presidente estaba protegiendo al Ejército.
Pero en respuesta a estas declaraciones temerarias, el ex procurador de justicia del estado de Guerrero, Iñaki Blanco, dijo lo contrario, y responsabilizó directamente a Gómez Trejo de haber facilitado la liberación de 50 participantes en la masacre, pues aunque probaron que fueron sometidos a tortura, siempre se les pudo retener en la cárcel por otros delitos, como el de delincuencia organizada.
Al contrario, Gómez Trejo se hizo como el Tío Lolo y simplemente dejó que 50 miembros de Guerreros Unidos, incluidos los jefes de la agrupación, se sustrajeran a la acción de la justicia.
Por lo tanto, cuando Encinas presentó su informe general, el año pasado, Gómez Trejo hizo maletas y se largó a Estados Unidos. Siguiendo su historia, nos enteramos de que era parte de la ex procuraduría, y que participó bajo las órdenes del ex procurador Jesús Murillo Karam. Incluso en sus relatos él afirma que vio cómo se montó la escena del basurero de Cocula para crear la “verdad histórica”. Luego entonces, el fiscal especial era parte del problema y no de la solución, y Encinas estaba trabajando entre enemigos, cuya función era torpedear su investigación. Hoy aprovecha la coyuntura de la elección presidencial para irse, dejando todo en manos de Arturo Medina. Bien por él.