Homero Rodríguez Serrano
En Palacio Nacional, siguen sin entender la derrota electoral en la Ciudad de Mexico
Han pasado casi tres semanas desde que se celebraron las elecciones y al Presidente de la República y a la Jefa de Gobierno, todavía no les cae el veinte —como se dice coloquialmente— de lo que sucedió en Ciudad de los Palacios. Siguen sin reaccionar, se encuentran adormilados. No entienden que los hayan vapuleado a punta de sufragios en el corazón de los movimientos del tabasqueño, en su fiel urbe que lo apoyó en todo —y le tolero de todo— desde el año 2000, cuando lo encumbró políticamente.
No, no entienden que solo gobernarán siete alcaldías y los de enfrente, nueve. Mandaban en once, la oposición apenas cinco. Igualmente, no digieren que, junto a sus aliados, pasaron de ganar 31 distritos en 2018 a solo alcanzar la victoria en 19 para diputados locales. La oposición había ganado sólo dos distritos en 2018 y ahora triunfó… ¡en 14!
Sí, la ciudad donde AMLO ha sido más que venerado (¿recuerda usted su ceremonia de unción el 1º de diciembre del 2018 en el Zócalo, cuando fue tratado como tlatoani?); donde Claudia arrasó hace tres años, en este valle libertario y progresista. Ante el caudal de resultados adversos, ahora resulta que se trató de una conspiración, de un complot, incluso de un fraude, o de que todos súbitamente nos volvimos conservadores y mochos.
No, no entienden que buena parte de las mismas personas que llevaron a AMLO a la Presidencia y que le abrieron paso a Sheinbaum a la Jefatura de Gobierno ahora los hayan sancionado por sus múltiples y crasos errores durante el trienio. ¿No que el pueblo es sabio? ¿No que el pueblo es erudito al votar? ¿No que el pueblo sabe lo que conviene al país y lo que es mejor para México y su capital?
¿O esto se trata ahora de que, cuando no vota por Morena, “el pueblo” pasa a ser ignorante, manipulable, egoísta y “aspiracionista”?
Habla muy mal de ellos, que dieciocho días después de la cita con las urnas, en lugar de haber realizado un análisis concienzudo de los resultados, concluyan que ni siquiera sabemos por quién votamos. Sí, eso dijo el Presidente hace ocho días: “Ni supieron por quién votaron”, espetó. Agregó que los candidatos opositores eran “impresentables” y llegó a esta conclusión: la gente votó contra Morena… “por coraje”, porque, acusó, sus adversarios “envenenaron” a los electores a través de una “guerra sucia” por temas como la desgracia de la línea 12 del Metro.
Tiene razón el huésped palaciego, salvo por el origen del envenenamiento. Los que votamos por él y los que lo hicieron por Claudia en 2018 ahora les soltamos una bofetada electoral por coraje, pero el veneno no provino de fantasmas neoliberales sino de sus actos, de que nos defraudaron en repetidas ocasiones.
Causo molestia que no usara cubrebocas, pero, sobre todo, que no promoviera su uso masivo como política de Estado; que López-Gatell no le haya explicado que eso pudo evitar miles y miles de contagios de gente que lo idolatraba y lo emulaba, y que tampoco le dijera que miles y miles de vidas se podían salvar entre abril del año pasado y febrero de este año, si todo mundo lo portaba, incluso en sus casas, en reuniones como las decembrinas, que tanto daño causaron.
Causo malestar que menospreciara y vilipendiara al movimiento feminista, que ni siquiera hiciera un esfuerzo serio por comprender lo que significaba “romper el pacto”; que defendiera a personajes impresentables, como ese innombrable sujeto de Guerrero acusado de violaciones que, además, en un acto de cínico nepotismo, impuso a su hija como candidata. Habrase visto.
Y la cereza del pastel fue la defensa de Bartlett, un siniestro personaje desde el fraude de 1988. Sin olvidar que no se ha combatido a los criminales que extorsionan y secuestran a la luz del día (véase Michoacán y Guerrero), a esos que mataron candidatos y amenazaron a otros, como en varios casos de la región de la Tierra Caliente guerrerense.
Nos lastimaron muchas cosas, como la escasez de medicamentos, la crisis del oxígeno, las guarderías, el aeropuerto, su política cavernaria con los combustibles y Claudia Sheinbaum pagó en CDMX por AMLO. Saludos amigos.