Editorial
Son rumores
son rumores...
El Partido del Trabajo vuelve a las andadas. Nada les embona. Aunque a tiros y tirones habían firmado un acuerdo en la Secretaría de Gobernación para apoyar el Plan B electoral, ayer se esfumaron en las comisiones unidas que dictaminaron la iniciativa enviada por la presidenta Claudia Sheinbaum, y seguramente hoy los senadores petistas votarán abiertamente en contra en el Pleno del Senado de la República.
Afortunadamente para los verdes, esta vez le tantearon mejor el agua a los camontes y no se atrevieron a oponerse al Plan B, aunque el rumor es que no fue de gratis sino que Morena les hizo amplias concesiones, las que seguramente no se le dieron al PT y por eso el rebozazo de los rojinegros.
Los petistas rayan en lo ridículo. Si para la Reforma Electoral tenían razones para oponerse a temas como el cambio en la forma de elegir a los plurinominales (no les conviene hacer campaña), o reducir las prerrogativas de los partidos políticos -porque luego entonces de qué van a vivir- con el Plan B sólo esgrimieron un solo pretexto: no están de acuerdo en que la revocación de mandato de la presidenta Sheinbaum se empate o sea concurrente con la elección intermedia de 2027.
Eso lo entenderíamos de la oposición, porque aunque se trate de una consulta al pueblo de México para que voten por la continuidad o renuncia de la presidenta, exigen que se haga en tiempos distintos, sobre todo el que ya está establecido desde la reforma impulsada por AMLO.
El temor de la oposición es que al tener a Sheinbaum en una boleta de consulta, la gente saldrá masivamente a votar. Eso por un lado. Por el otro, los partidos de la alianza obradorista y sus candidatos serían catapultados, favorecidos y el voto amplificado.
De la oposición entendemos estos temores, repetimos. Pero, ¿por qué un partido aliado a Morena y que ha sido ampliamente beneficiado con la alianza obradorista, se opondría a algo que le favorece?
Pensando mal para acertar, el PT está sacando su vena salinista. La paternidad que tienen de Raúl Salinas de Gortari no la pueden evitar. El dirigente nacional, Alberto Anaya, es el mismo desde aquel 1992 en que el presidente Carlos Salinas le dio a su hermano un partido en el que pudiera moverse. Y para no levantar sospechas, o para engañar al respetable, el hermano incómodo optó por crear un partido de corte izquierdista radical, casi casi como aquel partido al que le decíamos “el ferrocarril”, y que se alzaba como “cardenista de reconstrucció nacional”. ¿Alguien lo recuerda?
Ningún político en su sano juicio se opondría a una ley que le favorece...a menos que su aliado mayoritario lo esté ninguneando. Y aquí viene la sospecha: que el PT pidió Zacatecas y Baja California, algo que ya es un secreto a voces, a cambio de dar el SI. Su votación en contra nos hace sospechar que no le dieron su paleta de limón, por ser un partido marginal. En cambio, al Verde se dice que le concedieron repetir en San Luis Potosí, y poner candidato en Quintana Roo. Por eso andan tan contentos. ¿Qué tal?