APUNTANDO AL SUR

APUNTANDO AL SUR

2022-12-08 | Por DS

Homero Rodriguez Serrano.

MARCELO EBRARD, PISA EL ACELERADOR.

El juego de las corcholatas, se pone cada vez más bueno. Por ejemplo, Marcelo Ebrard, el lunes lanzó una bomba a Morena y al Palacio Nacional: ¡El debate! de cara a la encuesta entre sus presidenciales, y no uno, varios, esquema no previsto hasta ahora y que podría alterar el proyecto de las encuestas. Y, fue más allá: dijo que Morena tiene que definir cuándo deben renunciar los precandidatos con cargo público, entre enero y febrero a más tardar; cuándo van a ser los debates que en esta declaración propuso, cuándo se va a hacer la encuesta y que cada cual pueda proponer una encuestadora de su confianza. 

Antes, el sábado ya había mostrado el músculo, creando una estructura independiente; reunió en CdMx a más de 10 mil operadores que promoverán sus aspiraciones presidenciales en los 32 estados del país; confirmó ser además el único del partido oficial con la capacidad para jalar a clases medias y de incorporar a la 4T a sectores opositores que se mantienen en resistencia. 

La línea del secretario de Relaciones Exteriores apuesta, por lo menos en el discurso, en competir primero con la camiseta guinda con el visto bueno del Presidente, más allá de que éste asegure que no cometería el error de dejar como su sucesor a un perfil de corte similar al neoliberal. Pero, en la realidad, para Ebrard este es su último cartucho para ser candidato a la Presidencia.

Después de la marcha del 27 de noviembre, las distintas visitas de Claudia Sheinbaum a diferentes estados gobernados por Morena donde presume su cercanía con los gobernadores y gobernadoras, y la multiplicación de espectaculares y pintas con su imagen que han hecho crecer la sensación mediática de que ya es la elegida como candidata de Morena rumbo a 2024, Marcelo Ebrard ha vuelto a pisar el acelerador. 

Creo que sería un buen Presidente de México. Tiene todo para hacerlo: preparación académica, capacidad, experiencia y sentido político. Fue un buen jefe de Gobierno del Distrito Federal. Con él, mejoró la seguridad, se construyeron varias obras de infraestructura y, quizá lo más importante, impuso un sello liberal a la capital. Legalizó, por ejemplo, el derecho de las mujeres a interrumpir un embarazo, algo que nunca se atrevió a hacer López Obrador cuando gobernó la ciudad.

Pero, si algo le podemos criticar es que es timorato para tomar decisiones importantes. Se equivocó en 2011 cuando aceptó los resultados de la encuesta que se hizo para designar al candidato presidencial de la izquierda. A pesar de haber ganado en algunos reactivos de la encuesta, no quiso enfrentarse a AMLO y le dejó el camino libre en la elección del 2012. Con el viento que tenía a su favor, y los recursos de la Jefatura de Gobierno, era su oportunidad de oro para lograr su sueño anhelado: ser presidente. 

Algunos aseguran, que escuchó el consejo de su mentor, Manuel Camacho Solís, quien le sugirió que no valía la pena dividir a la oposición y se permitió que Peña ganara la elección. Desde mi punto de vista, Camacho Solís se equivocó. El mexiquense, triunfó en 2012 y Ebrard acabó en el ostracismo. Tuvo que irse seis años al exilio por la persecución política de su sucesor en la capital, Miguel Ángel Mancera. 

Es probable que en 2011, hiciera un análisis del costo-beneficio y decidió que lo más conveniente era dejar pasar al tabasqueño. Pero, al privilegiar esta evaluación cerebral, demostró que le falta algo importante que todo político eficaz debe tener: valor y fuerzas para aventarse una buena pelea de vez en cuando para dar el siguiente paso. No tuvo los “arrestos”, diría el clásico en estas épocas de corrección política.

¿Habrá llegado la hora de demostrar que los tiene? Como decíamos, líneas arriba, el sábado,  arrancó su campaña para ser el candidato presidencial de Morena en 2024. En la Ciudad de México presentó a su ejército de operadores electorales en los 300 distritos del país. Quiere, dijo, ganar la nueva encuesta que se llevará a cabo el año que entra para decidir la candidatura morenista. 

Ebrard es un tipo inteligente. Sabe perfectamente de la importancia de salir arriba en la encuesta. Pero también sabe que, a final del día, López Obrador decidirá quién será el candidato. También percibe que, hoy por hoy, la favorita de AMLO es Claudia Sheinbaum y que ya se echó a andar la “cargada” a favor de la jefa de Gobierno de la Ciudad de México.

Ebrard va a hacer todo para ganarle a Sheinbaum en la encuesta. De hecho, en las que han salido publicadas en los medios, tiene un reconocimiento de nombre más alto que la jefa de Gobierno. Pero todavía falta mucho para que se levante la encuesta definitiva y, además, los resultados van a depender de cómo se hagan las preguntas y qué reactivos se utilicen para determinar al ganador. Pura faramalla porque, reitero, al final la decisión será un dedazo de AMLO.

Si el Presidente lo señala con su dedo, estará muy cerca de cumplir su sueño, que ya verbalizaba desde sus épocas de estudiante en El Colegio de México. Creo, sin embargo, que el dedo palaciego apuntará hacia otro lado. El tabasqueño ha demostrado ser muy vengativo y no le perdona que lo haya desafiado en el 2011. Además, López Obrador sabe que, de las tres posibles corcholatas, Ebrard es al que menos podría mangonear desde su rancho si éste se sienta en la silla presidencial. 

Hoy, por eso, dudo que Ebrard vaya a ser el elegido por el líder indiscutible de Morena. Y, si esto ocurre, Marcelo tendrá que demostrar, de nuevo, de qué está hecho. Si le juegan chueco y/o no queda él como candidato, ¿romperá con AMLO y Morena? Si lo hace, podría buscar la manera de estar en la boleta por otro partido y, desde ahí, ganar la Presidencia. Corre el riesgo, sin embargo, que resurja el expediente judicial por el accidente de la Línea 12 del Metro, porque así se las juega AMLO. Ahí está el ejemplo de Alito Moreno. Saludos amigos.