Despejar
Misael Tamayo Núñez
Se los anuncié y lo hicieron. Los priístas (junto con los panistas aunque estos también fueron derrotados), están vendiéndonos su triunfo en las elecciones legislativas de Coahuila como “el milagro mexicano” (Alito Moreno dixit).
Piensan que 17 escaños en el Congreso de uno de los 32 estados del país, de los más pequeños y menos poblados, por cierto, marcan la caída de Morena, el partido oficialista, dicen unos. El narcopartido obradorista, dicen otros.
Es la historia que quiere vendernos el sepulturero del PRI. Vendernos la derrota de Morena, el partido que en 2024 apenas, le quitó la mayoría de su Congreso de Durango, el otro estado que les queda y donde gobiernan desde hace más de 90 años, siendo un cacicazgo invencible, pero no por ello deseable.
Pero se engañan. Morena no puede perder lo que no tenía. En el Congreso de Coahuila, los guindas apenas contaban con 5 escaños plurinominales, mientras que el Verde, MC y el PT también tenían una presencia marginal.
Y van a volver a tener esos espacios, que ahora tendrán que compartir con el PAN y MC. Eso es todo. Morena tenía 5 asientos pluris; MC 1; PT 2; Verde 1 el mismo PRI otro. En cambio, los espacios de mayoría relativa (ganados en urnas), los tenía PRI (9), el PAN (5) y PRD (2), con myoría tricolor.
¿Quiénes son entonces los verdaderos derrotados? PAN y PRD, que se quedan sin escaños ganados en urnas y se van al repechaje de pluris. Por demás está decir que por haber ganado todo en urnas, al PRI ya no le tocará ningún espacio pluri. ¿Me sigue, amable lector? Esa es la regla.
Y es que esta vez los panistas decidieron deslindarse del PRI, marcando una nueva ruta de retorno a sus raíces de extrema derecha, y porque la alianza con el tricolor les cobró una enorme factura. La misma base panista se dividió y en la dirigencia nacional terminó un hombre señalado por corrupción, jefe del Cártel Inmobiliario de una de las delegaciones de la Ciudad de México.
El PRI, por su parte, prolongó la presidencia de Alito. Mejor dicho, él mismo maniobró para quedarse más tiempo, provocando oleadas de descontento. Incluso fue llevado a tribunales por lo que se consideró un albazo.
Pues bien, el sepulturero del PRI, el hombre que redujo al viejo tricolor al gobierno de dos estados y un puñado de diputados y senadores, ahora viene con el pregón de que Coahuila representa el “milagro mexicano”. Grita, se desgañita diciendo que demostraron en Coahuila que Morena no es invencible, siendo que en Coahuila morena no tenía casi nada. Repito: sólo 5 espacios plurinominales.
Y nadie puede perder lo que no tiene. Simplemente se confirmó -mapaches de por medio- que Alito recurrió a todo con tal de no perder lo poco que le queda. Y lo consiguió. Eso hasta cierto punto es sano. Es completamente normal que en un régimen de gobierno, cualquiera que sea, la oposición tenga espacios. El PAN conserva sus bastiones, por ejemplo: en el Norte, Chihuahua, la tierra de Maru Campos, la gobernadora que deja operar en su territorio a los espías gringos. En el Bajío tiene Guanajuato, Querétaro y Aguascalientes. Ese es el reducto histórico del paísmo. De hecho, aunque Jalisco tiene ya dos gobiernos de Movimiento Ciudadano, lo cierto es que desde 1994 y hasta 2012 que retornó el PRI con el finado Aristóteles Sandoval, el PAN sentó sus reales en esa entidad, una de las más pudientes del país.
Luego entonces, en los hechos el carro completo del PRI en Coahuila es anecdótico. No implica para nada que Morena vaya en picada y que el efecto Rocha les haya dado el triunfo.
En todo caso, los grandes perdedores de la elección del domingo en Coahuila, repito, son es el PAN y PRD (partido que ya ni existe a nivel nacional). Estos sí perdieron los escaños de mayoría relativa que ya tenían. Ahora, al igual que a Morena, MC, Verde y PT, podrán aspirar a sus asientos pluris, nada más.
Si algo marca la elección del domingo es que los panistas sin el PRI poco valen, al menos en territorios priistas. Falta ver cómo le irá al tricolor en los estados dominados por el PAN. Y, por supuesto, cómo terminará el PRI en estados eminentemente morenistas, como Guerrero, donde el guinda está por encima de 50 puntos en su preferencia electoral, “aiga sido como aiga sido” (Caleron dixit).
Mucha gente está comprando la historia de Alito. Muchos dirán que, en efecto, el partido obradorista está perdido rumbo a 2027 y peor rumbo a las presidenciales de 2030. Pero Coahuila no es México. Un posible retorno del prianismo al gobierno nacional, lo que es su meta más importante, tardará otro rato, aunque les ayude Estados Unidos con su embestida político - empresarial.
Como dijo la presidenta en su mitin reciente en el zócalo: Los mexicanos sabemos que la transformación de México es nuestra transformación, no sólo de Morena. Y por eso Morena es un movimiento. Y por eso Convergencia se cambió el nombre a Movimiento Ciudadano, para vendernos la idea de que son como Morena y mejores. Nada que ver. MC es comparsa del PRIAN y, no en balde, aunque jueguen en las elecciones en canchas separadas, en el Congreso de la Unión tienen una alianza legislativa. Si el partido naranja fuera realmente ciudadano, no estarían aliados con los que llevaron a este país a la quiebra.
Volviendo al tema de Coahuila, Alito no convence ni a su gente. Habría que informarle que ya no tiene militantes suficientes para el asalto a Palacio que pretende a partir de 17 escaños en el congreso coahuilense. Habría que informarle que los priístas andan locos queriendo entrar a Morena, porque saben que su partido ya no pinta y no les garantiza su permanencia en el poder. Aquí cometieron el error de apuntalar a una de las aspirantes, creyendo que era la ungida de Palacio, cuando lo ideal habría sido colarse como la humedad, con discreción, como lo han hecho en otros comicios, hasta que la gente se acostumbre a ellos.
Así que Alito proclama un triunfo pírrico en Coahuila, donde se ufana de su carro completo vía fraude digital (cada vez son más creativos y sofisticados los mapaches), cuando su partido se le desmorona en las manos y pierde el mayor número de militantes que cualquier otro partido en la historia. El tricolor llegará a sus 100 años muy diezmado y 17 diputados en Coahuila no resolverán esta crisis. Es apenas una aspirina a su fracaso, no el “milagro mexicano”.