¿Por qué dejaron a Esthela?

¿Por qué dejaron a Esthela?

14 de julio de 2026 | Por DS

DESPEJAR

¿Por qué dejaron a Esthela?

MISAEL TAMAYO NÚÑEZ

 

La guerra subió de tono. Y no es para menos. La oposición en Guerrero está para llorar, por eso el éxodo de priístas hacia Morena, y por eso también verdes y petistas no se atrevieron a romper la alianza con los guindas.

Luego entonces, al ser Morena el epicentro de la batalla por el poder, la pugna al interior del partido guinda se ha desatado, máxime ahora que los que formaban parte del Grupo Aguirre están dejando a Esthela Damián como su primera opción y, por angas o mangas, comenzaron el fin de semana a mostrar su respaldo al proyecto de la senadora con licencia, Beatriz Mojica Morga.

Sin embargo, eso no es gratuito. Recientes encuestas colocan a Beatriz Mojica Morga adelante de los 17 aspirantes de Morena a la coordinación estatal de la defensa de la transformación y la soberanía nacional, repitiendo una constante que se muestra desde el año pasado.

Entre los aspirantes, hay unos cuantos que están jugando a ganar y tienen reales posibilidades. Los demás ni vale la pena mencionarlos, sobre todo los que hacen mucho ruido en las redes sociales, pero tienen muy pocas nueces en su canasta.

Es obvio que a la hora de decidir para dónde darle, cada quien lo hizo con base en la preferencia electoral, primero. Luego, por afinidad. Los liderazgos que el fin de semana se sumaron a Beatriz Mojica son personas con las que ha coincido a lo largo de su carrera política, sea en el gobierno estatal, sea en el Poder Legislativo.

De inmediato, los de Esthelado comenzaron su control de daños y amanecieron el lunes divulgando que Esthela rechazó a Ángel Aguirre, como antes lo hizo con su tío Pioquinto Damián Huato, para marcar distancia de los impresentables e impunes, palabras más, palabras menos. ¿Pero, de veras?

Es cierto que Ángel Aguirre es, políticamente hablando, un muerto viviente. Una momia del pasado inmediato y violento de Guerrero. Y lo ideal es que permanezca en su sana distancia de cualquier proyecto político local. Como él mismo dice: “La política es así”.

Pero, ¿qué cara tienen los de Esthelado de hablar de impresentables e impunes, cuando su campaña la dirige nada más y nada menos quien fue el dedo chiquito de Rubén Figueroa Alcocer en la Tierra Caliente? ¿O, digamos para no mentir, uno de los muchos dedos del de Huitzuco, defenestrado tras la masacre de Aguas Blancas, registrada el 28 de junio de 1995 en Coyuca de Benítez, hace 31 años?

Los del proyecto que está plagado y dirigido por los impresentables e impunes del periodo más violento y caciquil de la entidad, son los que se ufana de haber marcado distancia de la “impunidad”. ¿En serio?

Olvidan no sólo masacre de Aguas Blancas, sino también de la terrible Guerra Sucia, periodo del que todavía hay familias buscando a sus difuntos, y que se registró en el periodo de Rubén Figueroa padre.

Si mal no recordamos Rubén Figueroa Alcocer nunca fue castigado por Aguas Blancas, pese a que la masacre fue perpetrada por efectivos de la Policía Estatal (motorizada) y la Policía Judicial, ambas corporaciones a su cargo. Igualmente su padre, Rubén Figueroa Figueroa, nunca fue castigado por los efectos y consecuencias de la letal Guerra Sucia, un verdadero terrorismo de Estado.

A Ángel Aguirre se le responsabiliza de la masacre de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa, porque era el gobernador de la entidad, pero no por haber perpetrado u ordenado él mismo el secuestro y desaparción de los muchachos, quienes perecieron en medio de la pugna territorial de grupos delincuenciales, como lo marca la investigación que dirigió Alejandro Encinas, presidente de la comisión especial del caso.

Fue su partido, el PRD, el que le pidió abandonar el poder para no entorpecer las investigaciones, una vez que la PGR tomó el control de la indagatoria, que fue reabierta con la llegada de AMLO al poder y que aún está lejos de concluir.

Por supuesto, y como lo hemos dicho en este espacio en repetidas ocasiones, por el solo hecho de haber sido el gobernador en ese periodo, su obligación fue actuar en tiempo para impedir el ataque a los muchachos, porque además hubo tiempo para que lo hiciera. Él alega que el presidente de Iguala le dijo que no pasaba nada, que todo estaba en orden, pero Aguirre no dependía de José Luis Abarca, sino de su secretario general de Gobierno, del secretario de Seguridad y del Procurador del Estado. Es decir, tenía su propio equipo de seguridad para ser informado y para actuar. No lo hizo y eso implica que dejó desprotegidos a los estudiantes, independientemente de la actuación de las fuerzas federales y militares.

Mientras todo esto siga investigándose y no se deslinden responsabilidades plenamente, Ángel Aguirre no puede ni debe volver a ocupar ningún cargo público. No porque esté indiciado, porque no lo está. Sino por pura lógica: Aguirre tiene, sí o sí, responsabilidad política en el caso Ayotzinapa. Ningún gobernador puede decir que no sabe lo que ocurre en su jurisdicción.

Pero eso no significa que los miembros de su grupo político estén atados a ese designio. Al contrario, están en libertad de continuar con sus vidas. Por ejemplo, trasciende que la diputada Elzy Camacho también anunciará su adhesión a su proyecto. ¿Puede alguien impedirlo? Decir que Ángel Aguirre fue a parar donde le garantizan impunidad, es impune en sí mismo. La pregunta más bien es: ¿Qué pasó que los aguirristas decidieron dejar a Esthela Damián sola con su caterva de figueroístas?