Y
si alguno quita algo de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará
su parte del libro de la vida y de la santa ciudad que se describen en este
libro. Apocalipsis 22:19
Según
la mitología griega, Procusto era un bandido que solía hospedar a personas en
su casa en la sierra de Eleusis. En su habitación, había una cama de hierro que
tenía su tamaño exacto, e invitaba a todos los viajeros a acostarse en ella.
Si
los huéspedes eran demasiado altos, les amputaba el exceso de longitud para
ajustarlos a la cama. Si eran de baja estatura, los estiraba hasta alcanzar el
tamaño adecuado.
Ninguna
víctima se ajustaba exactamente al tamaño de la cama. El mito de Procusto se
utiliza en la filosofía para demostrar la intolerancia humana frente a
opiniones ajenas y distintas.
Además,
esta historia oscura ejemplifica la actitud de aquellos que quieren, a toda
costa, adaptar un conocimiento a su propio punto de vista. Hay mucha gente que
cree que su interpretación de las cosas; es decir, el «tamaño de su cama» es la
única forma correcta que existe.
Este
peligro afecta cualquier área del conocimiento, incluida la teología. Cuando
nos enfrentamos al horizonte del texto bíblico, siempre traemos nuestras presuposiciones,
paradigmas y conceptos formados; es decir, nuestra propia cosmovisión.
El
desafío es permitir que la Biblia guíe y modifique nuestras presuposiciones, no
al revés. En el intento de contextualizar el mensaje, muchas personas terminan
estirando o mutilando el texto bíblico. Aplican sin antes comprender.
Como
decía un profesor mío, en lugar de leer la Biblia con un marcador de texto, lo
hacen con tijeras, ¡y cortan lo que no les agrada! Para evitar este error, es
necesario leer el texto bíblico de manera atenta, humilde y honesta, sin
despreciar el contexto, en todas sus implicaciones, ni la cultura y la época en
que las fue escrito.
Además,
el estudio de las Escrituras siempre debe ir acompañado de oración para que el
Espíritu Santo guíe la mente del lector. En estos días confusos, de tantas
visiones divergentes, ten cuidado con los «lentes» que usas para entender la
Biblia.
Ella
debe ser su propia intérprete. El texto bíblico debe ser analizado en su
contexto debido, tanto general como específico. Así, los «Procustos» de la vida
quedarán solo en la mitología.