Trenes
En el plan de la precandidata de la alianza “Juntos seguiremos haciendo historia”, integrada por los partidos Morena, Verde y del Trabajo, destaca algo interesante. Se trata de un proyecto que aunque comenzó con el presidente Andrés Manuel López Obrador, no logrará concretarse a escala nacional, si acaso en zonas específicas, como al Península de Yucatán, que será interconectada con el Tren Maya, así como el Istmo de Tehuantepec, con el Tren Interocéanico.
También se están proyectando trenes que desahoguen la Ciudad de México hacia ciudades como Toluca y Querétaro, pero estos ya son proyectos urbanos y suburbanos.
Sin embargo, lo que México perdió al privatizarse Ferrocarriles Nacionales de México, premiando a empresas como Peñoles, Grupo México y Tribasa, que ya se dedicaban al rubro de la minería, fueron los trenes de pasajeros.
Estas empresas se apoderaron de las redes ferroviarias del país, al grado de que ahora el propio gobierno debe pagar por el uso de vía, y eliminaron el servicio de transporte de pasajeros, dejando solamente el de carga, porque les era más rentable y menos complicado.
Así se murieron pueblos enteros que vivían del cruce de trenes de pasajeros, con sus emblemáticas estaciones donde además de las oficinas oficiales, vivían familias que les trabajaban en el mantenimiento de las vías ferroviarias.
La historia del México moderno está anclada sí o sí en la movilizacíon de personas a través de los trenes y vías férreas que cruzaban el país de norte a sur y de este a oeste.
La privatización de Ferronales fue pura corrupción. Carlos Salinas no alcanzó a venderlos, eso le tocó a Ernesto Zedillo Ponce de León, y ya con Vicente Fox Quesada, en la era de la falsa alternancia que diseñaron y dirigieron los líderes del prianismo, los empresarios favorecidos recibieron miles de millones de pesos de manera irregular como premio a nada, pues desmantelaron todo.
Felipe Calderón y su sucesor Peña Nieto, prometieron restaurar los trenes de pasajeros, pero no lo hicieron. Obviamente, al privatizarse las vías férreas, ya nada es rentable para nadie, pues aunque el mismo gobierno quisiera prestar el servicio de traslado de personas, tendría que pagar derecho de vía o, bien, construir sus propias vías férreas.
El caso es tan grave que en el caso del Tren Interoceánico, el gobierno de López Obrador tuvo que intervenir las vías propiedad de Grupo México de Germán Larrea, para concretar el proyecto en sus ramales para pasajeros. Eso puso nerviosos a los empresarios, quienes comenzaron a decir que estábamos ante el Hugo Chávez y Nicolás Maduro mexicano.
Hipócritas, lo que no dicen es que los trenes eran propiedad de la nación y que a finales de los 90 se apropiaron de ellos con plenas garantías, y que sin más dejaron a pata a los mexicanos que hacían uso de los trenes. Por lo tanto, la opción de Claudia Sheinbaum para recuperar, no la red ferroviaria, sino el servicio de tren de pasajeros en el país, aunque se haga sólo sea de manera limitada, es una muy buena noticia.