APUNTANDO AL SUR

APUNTANDO AL SUR

2021-10-28 | Por DS

Homero Rodríguez Serrano

LOPEZ OBRADOR Y LA UNAM.

Andrés Manuel, abrió un nuevo frente de batalla contra las clases medias del país. Ahora, los ataques se centraron contra su mismísima alma máter: la Universidad Nacional Autónoma de México. En el pulpito de la mañanera, soltó: “La UNAM se volvió individualista, defensora de los proyectos neoliberales, perdió su esencia de formación de cuadros de profesionales para servir al pueblo... Muchísimos académicos e intelectuales de la UNAM se dedicaron a legitimar la privatización… Es lamentable que la UNAM se haya derechizado”.

El periodo neoliberal al que se refiere incluye por lo menos parte de los 14 años que estudió la carrera de ciencias políticas en su campus. A partir de ahí, asegura el belicoso huésped de Palacio Nacional, han sido años de degradación y neoliberalismo, salvo, debemos entender, por la popularidad de que goza en muchos sus recintos.

El señor, tránsito por sus aulas, 14 años, en una carrera que normalmente se concluye en cuatro, pero a pesar del tiempo, tal parece que no la conoció. Ya que desconoce cómo se mueve, los múltiples intereses que confluyen en ella, incluso de sus profundas contradicciones; el desconocimiento, proviene de su propia cosmovisión, absolutamente alejada del ámbito universitario.

Su desprecio por la ciencia, por los especialistas, por los académicos se suma a una vanidad que le lleva a creer que él sabe todo (por eso sólo escucha a los incondicionales), que lo mismo puede opinar sobre la universidad, de las investigaciones científicas, sobre cómo se perfora un pozo petrolero o cómo la Organización Mundial de la Salud debe aprobar una vacuna contra covid.

Tal vez por ello, prefiere en su equipo a personas con 90% de lealtad y 10% de conocimiento. El conocimiento lo aporta el Presidente, que sabe más que cualquiera. La insensata ofensiva contra la Universidad Nacional no es novedosa: ya despotricó contra muchas otras universidades, desde el ITAM hasta la Ibero, desde el CIDE hasta los científicos del Conacyt.

Desde nuestro punto de vista, los reiterados ataques a la Universidad Nacional tienen otro origen: para el 2022, la Máxima Casa de Estudios, recibirá unos 96 mil 500 millones de pesos de presupuesto que ejercerá con autonomía y respetando la libertad de cátedra. Para el tabasqueño que desprecia rigurosamente cualquier órgano autónomo, eso representa una afrenta.

En el fondo, se trata también de su lejanía, desconfianza y rencor contra quienes nunca lo han admitido en el mundo intelectual y académico, pero el tema central es el rechazo a la autonomía, al pluralismo, a la libertad de cátedra, a todo lo que implica la UNAM. Quiere abolir esa autonomía y poder decidir sobre esos recursos.

Su rencor también se puede explicar porque donde se gestaron las grandes movilizaciones históricas de la izquierda, no parece existir o mejor dicho, no existe entusiasmo con la gestión de la 4T y donde por fortuna, académicos, directivos y estudiantes, no se han convertido en pregoneros ni de su gobierno, ni de su visión maniquea de la historia.

Para un personaje que ha tratado de acabar con la autonomía de cuanta institución la ejerce, la UNAM debe ser un objetivo prioritario. Una institución con 367 mil estudiantes y unos cien mil trabajadores y académicos no puede ni debe ser autónoma, debe ser un brazo más del gobierno federal, de su gobierno. Que ese medio millón de universitarios no hayan hecho hasta ahora ningún gesto de apoyo a su administración, debe ser para él, más que un insulto.

La UNAM, y las universidades públicas, tienen la obligación, desde el ejercicio responsable de su autonomía y de ser una mirada crítica frente al poder; lo encabece quien lo encabece. Las universidades tienen el mandato de ser espacios de pluralidad, tolerancia y apertura a todas las visiones y a todas las miradas, porque no hay asignación aceptable de un carácter moral superior a ninguna postura o visión del conocimiento

Finalmente, la universidad debe hacer caso de su vocación más profunda, que es, a la vez, la más auténtica, y que le ha permitido pervivir a lo largo de las décadas: ser un espacio indeclinable de saber, de ciencia y, sobre todas las cosas, de libertad. Por lo demás, sus campus son pasto seco que cualquier chispa puede incendiar y después, será muy complicado apagar. Saludos amigos.