Despejar
Guerrero: el shark tank
Misael Tamayo Núñez
Entre tiburones te veas. Guerrero se ha convertido en un tanque cerrado de tuburones. Grandes o pequeños, todos tienen dientes, todos tienen cola. Y todos se cuidan unos de otros y se acusan unos a otros.
Pero en un reino tan pequeño y cerrado, sólo uno puede imponerse. No ha lugar a la posibilidad de acuerdos. Ya no. Aunque el delegado de Morena, Irugami Perea, diga que buscarán candidaturas de unidad, quizás puedan lograrlo en las diputaciones federales, locales y alcaldías, quizás. Pero no en el proceso interno que ya está por terminar (esperemos que así sea).
Realmente eso debió ser desde el inicio, antes de que se hiciera la primera asamblea informativa, antes de dar luz verde a la movilización, antes de cualquier cosa.
Pero no lo hicieron. Al contrario, dejaron cancha abierta y ni siquiera han puesto orden al dispendio, los acarreos, la propaganda exagerada. Mucho menos a la guerra sucia anónima o abierta, que se ha centrado contra dos candidatas: Beatriz Mojica Morga y Esthela Damián Peralta. Un poco le toca a Abelina López, otro poco a Ivan Hernández, y hasta el rector de la UAGro, Javier Saldaña Almazán, ha salido salpicado. Pero nada comparado con las dos primeras.
Es como si los dirigentes del partido quisieran una carnicería política, un ring ensangrentado, antes de declarar un ganador, o ganadora de la coordinación estatal.
Al contrario, le han venido abonando a la incertidumbre en Guerrero, alargando más de la cuenta el proceso interno.
Ya lo dijo la misma Citlalli Hernández, que el caso de Guerrero es especialmente delicado y que le están dando un trato diferenciado. ¿Cuál? ¿Cómo? ¿A qué se refieren con eso de diferenciado? No explicó.
Por el número de aspirantes a la coordinación estatal del partido guinda, es cierto que no sería algo fácil. Pero es que para eso se colocan las reglas del juego, claras, concisas. Quien las viole (y violaciones ha habido muchas), debe asumir las consecuencias.
Al contrario, aunque el líder estatal del partido, Jacinto González Varona diga lo contrario, nadie hace algo. Observan dice; los están viendo a todos, afirma. Pero eso no mete en cintura a nadie.
Y pongo primero este escenario para indicar que el proceso interno de Morena llegó a un punto de quiebre. Los llamados a la unidad ya ni siquiera tienen significado. Se han golpeado tanto, se han dividido tanto, que por lo menos a los punteros y punteras no los vemos dándose el abrazo de Acatempan; quizás puedan darse un beso pero el de Judas, solamente.
Ayer, promotores de la ex consejera jurídica, Esthela Damián Peralta, salieron a denunciar que hay “guerra sucia” contra su abonada. Señalan que a través de publicidad pagada en Facebook se ha distribuido información falsa acerca de la aspirante que dice ser la “tapada” de Palacio Nacional, relacionándola con políticos como Ángel Aguirre y otros priístas, entre otras medias verdades.
Pero, en su conferencia responsabilizaron de esta guerra sucia a la senadora con licencia, Beatriz Mojica Morga. O sea, que de la guerra que se quejan, es la guerra que hacen. Es más, guerra que ellos comenzaron, incluyendo a la misma Esthela Damián.
¿Cómo olvidar aquello de Riquín Canallín, en alusión directa a Beatriz Mojica? Nadie lo inventó, ahí están los videos; cuestión de buscarlos en redes. Y como tal se publicaron, como guerra sucia en boca de Esthela Damián, en clara violación a una de las reglas de la convocatoria.
Al contrario, Beatriz Mojica ha sido muy específica a la hora de denunciar la guerra sucia en su contra. Es la derecha, dice. Nunca de su boca han salido acusaciones en contra de su compañera de partido. A lo más que ha llegado es a decir que mejor se pongan a trabajar sus acusadores; o que trabajo mata grilla.
Reconocieron los promotores de Esthela Damián que muchos de los críticos de Esthela Damián no son militantes del partido y, por lo tanto, no se les puede acusar ante las instancias partidistas. Y es cierto. A la gente no se le puede callar la boca, y menos en esta era de las redes sociales, donde ya no hay control de las audiencias como antes. Basta que se suba algo a redes para que comience el bombardeo, las opiniones, los señalamientos, los ataques y contra ataques.
Y obviamente en el mar abierto de las redes sociales, los sitios anónimos pululan, como también las falsas encuestas y hasta los perfiles falsos. Cuestión de seguirles la pista para dar con ellos: generalmente son páginas sin amigos, y prácticamente sin publicaciones, o con perfiles restringidos.
Eso por ahora no se puede regular ni controlar. Pero la desinformación se combate con información. Trabajo mata grilla, diría Beatriz Mojica. Pero no puede quejarse alguien que vive atacando. Nadie puede escupir al cielo, que a la cara no le caiga. Palabras sacan palabras. Esthela y sus colaboradores pensaron que podrían actuar con impunidad, tirando la piedra y escondiendo la mano.
Y no. No es que la estén ligando con Aguirre por intriga. Para nadie es un secreto que los Damián son amigos personales del ex gobernador. Pioquinto Damián fue miembro de su primer gabinete. Alfonso Damián, hermano de Esthela, fue auditor general del estado por Aguirre. Ella dice que no puede conocer a esa gente si estuvo 27 años fuera de Guerrero. A explicación no pedida, culpabilidad manifiesta. Casi 3 décadas fuera de la entidad a la que pretende gobernar. Pero precisamente por eso, su arraigo no existe, sus bases tampoco y por eso se construyeron al vapor, con gente del PRI. Sé de buena fuente que Aguirre pidió a su gente apoyar a Esthela. Algunos, como Sofío Ramírez, le dijeron que no, que iba con el Toro. Otros se quedaron con Esthela pero luego se fueron con Beatriz. Fue una migración de aguirristas. Y decir eso no es guerra sucia. Es información llana. Veremos qué tiburón o tiburona gana esta sorda guerra.