Euclides Lacuña
Barrer de arriba hacia abajo, no de en medio
Fiel a su discurso político de veinte años de lucha permanente en territorio social, el presidente Andrés Manuel López Obrador dio inicio a su gobierno aplicando políticas restrictivas de privilegios producto de la corrupción, del abuso de poder, o de ambos. Una de esas formas fue, por orden constitucional, la cancelación de pago de impuestos que se venía otorgando a las grandes empresas multinacionales y nacionales, y la rebaja en las percepciones salariales de los altos funcionarios, comenzando por el propio presidente. Al mismo tiempo el presidente logró que los empresarios consintieran en un incremento en el salario mínimo en más de un 50 por ciento, y que el Congreso de la Unión elevara a rango constitucional el apoyo a adultos mayores, entre otros beneficios para la población de menos ingresos.
Otro sector que se ha visto perjudicado fue el que integra la industria de la radio y la televisión y los dueños de medios de comunicación escritos. A los dueños de estaciones de radio y televisión el gobierno federal les redujo drásticamente los montos en los contratos de publicidad del gobierno federal, con lo cual se vieron obligados a despedir locutores y personal de producción, y a cancelar programas diversos con los cuales halagaban a los gobiernos de derecha y justificaban sus políticas públicas. Dueños de medios y el personal afectado se convirtieron en automático en enemigos del presidente y su gobierno. Lo mismo ha sucedido con los integrantes del Poder Judicial, con los funcionarios de los llamados organismos autónomos, y con la clase política de los gobiernos estatales, no solo de la oposición, sino de los mimos gobiernos llamados “del cambio”.
Las medidas tomadas por el presidente contra la clase económica y política, y contra los medios de comunicación, le redituaron una fuerte simpatía popular que reforzó la popularidad con que llegó al poder, misma que ha mantenido, e incluso, aumentado. Sin embargo, no todo es miel sobre hojuelas. En el barrido hacia abajo, necesariamente está afectando al pueblo, a una parte de la base social que lo apoyó a llegar a la presidencia de la república. Esa base social está ubicada a la mitad de la estructura social. Es decir, es la clase media, la cual se está sintiendo afectada por las medidas de cambio implementadas por el presidente de la república mediante su política de austeridad republicana, que incluso elevó a rango constitucional. Primero, la reducción de los salarios al interior del gobierno federal, luego la eliminación de beneficios como bonos de actuación por uno y tres meses, y los altos aguinaldos resultantes de esos altos salarios, pago de viáticos por desplazamientos fuera de sus centros de trabajo, pegaron fuertemente en el ego de una clase media en general consumista, ególatra y frívola, acostumbrada al consumo y a la diversión, a los viajes y a la fama.
De ahí que la clase media, afectada de diversas formas por la política de austeridad republicana, se ha convertido en el principal activo de la oposición de derecha, tanto empresarial como política, que ha aprovechado a la perfección la inconformidad generada por las medidas de ajuste económico que se están sintiendo ya en el bolsillo de la clase media, principalmente la burocrática, a partir de la segunda fase del barrido “de arriba hacia abajo”. Hay, sin embargo, otro problema que se está presentando en los estados ganados por los gobiernos “del cambio”: los gobiernos entrantes están comenzando sus programas de ajuste afectando a la clase media sindical y burocrática, a los maestros de mayores ingresos, lo cual constituye una violación a la norma del barrido “de arriba hacia abajo”. La clase media en los estados observa con angustia cómo los de arriba, los machuchones de la clase política y empresarial en los estados no están siendo tocados, tal vez llevados los nuevos gobiernos por el dicho de que “el hilo se rompe por lo más delgado”. Ex alcaldes, ex diputados, ex senadores, ex gobernadores enriquecidos brutalmente, están intocados, mientras la clase media observa cómo se le tiene el ojo encima y cómo se le amenaza en ser convertida en la culpable de todo, y la que tiene que pagar.