He pisado yo solo el lagar,
y de los pueblos nadie había conmigo. Isaías 63:3.
Durante su niñez, su
juventud y su edad viril, Jesús anduvo solo. En su pureza y fidelidad, pisó
solo el lagar, y ninguno del pueblo estuvo con él. Llevó el espantoso peso de
la responsabilidad de salvar a los hombres. Sabía que a menos que hubiese un
cambio definido en los principios y los propósitos de la familia humana, todos
se perderían. Era esto lo que pesaba sobre su alma, y nadie podía apreciar esa
carga que descansaba sobre él.
Durante toda su vida, su
madre y sus hermanos no comprendieron su misión. Ni aun sus discípulos lo
comprendieron. Había morado en la luz eterna, siendo uno con Dios, pero debía
pasar en la soledad su vida terrenal. Como uno de nosotros, debía llevar la
carga de nuestra culpabilidad y desgracia. El Ser sin pecado debía sentir la
vergüenza del pecado. El amante de la paz debía habitar con la disensión, la
verdad debía morar con la mentira, la pureza con la vileza. Todo el pecado, la
discordia y la contaminadora concupiscencia de la transgresión torturaban su
espíritu.Estudios bíblicos
Debía hollar la senda y
llevar la carga solo. Sobre Aquel que había depuesto su gloria y aceptado la
debilidad de la humanidad, debía descansar la redención del mundo. El lo veía y
sentía todo, pero su propósito permanecía firme. De su brazo dependía la
salvación de la especie caída, y extendió su mano para asir la mano del Amor
omnipotente.
La soledad de Cristo,
separado de las cortes celestiales, viviendo la vida de los seres humanos,
nunca fue comprendida ni apreciada por sus discípulos como debiera haberlo
sido… Cuando ya no estaba con ellos y se sintieron en verdad como ovejas sin
pastor, empezaron a ver cómo hubieran podido hacerle atenciones que hubieran
infundido alegría a su corazón…
La misma necesidad es
evidente en nuestro mundo de hoy. Son pocos los que aprecian todo lo que Cristo
es para ellos. Si lo hicieran, expresarían el gran amor de María, ofrendarían
libremente el ungüento, y no lo considerarían un derroche ver. Mateo 26:6-13.
Nada tendrían por demasiado costoso para darlo a Cristo, ningún acto de
abnegación o sacrificio personal les parecería demasiado grande para soportarlo
por amor a él.