Euclides Lacuña
Universitarios sin compromiso social
No se cual sea realmente el objetivo del presidente Andrés Manuel López Obrador al mantener una serie de fuertes críticas a la Universidad Nacional Autónoma de México. Porque el presidente no se caracteriza por dar paso sin huarache, sino que cuando hace o dice algo es porque tiene un objetivo bien definido. Las críticas a “la UNAM”, así en general, como lo ha hecho en varias oportunidades durante su conferencia de la mañana, ha motivado a muchos universitarios -muchos de ellos egresados hace tiempo- a responder en una supuesta defensa de la UNAM, cuando en realidad lo hacen en defensa de sí mismos, pues muy probablemente se ponen el saco de que se han “derechizado”.
La derechización de la UNAM, y por tanto de sus egresados recientes, no es algo nuevo. Es un proceso que comenzó desde el inicio de la llamada “globalización” en los años de la década de 1980, cuando las ideas de comunicólogos como Marshal Mc Luhan, impulsaron la apertura a la comunicación con las sociedades del mundo a través de la nueva tecnología que ya se avizoraba como la madre de las nuevas formas de comunicación entre las personas, y que se fue introduciendo en el mercado poco a poco. La idea de la globalización, que en el concepto de Mc Luhan uniría a todos los países del mundo de manera instantánea a través de la tecnología de la comunicación conformando una “aldea global”, fue la fase preparatoria para la apertura total de los mercados a la libre competencia -el laissez pass (dejar pasar) tan ansiado por la burguesía mundial desde el siglo XVIII-. Un proceso al cual los gobernantes mexicanos, encabezados entonces por Carlos Salinas, le dieron la bienvenida con los brazos y las piernas abiertas.
Pero la apertura de las fronteras al mercado en el marco de la aplicación de un modelo económico neoliberal, no era suficiente. Era necesario preparar a las masas para convertirse en consumidoras de todas las mercancías que el mercado proveería, y para aceptar las condiciones en que eso ocurriría. El neoliberalismo no puede desarrollarse en un modelo económico de bienestar social, en el cual el sistema de valores sociales y culturales e incluso económicos son incluyentes, es decir, que considera a los demás como seres interdependientes. Por lo tanto, el neoliberalismo destruyó el sistema de valores existente en el modelo económico de Estado de Bienestar, e impulsó un sistema de valores basado en el individualismo, acorde al modelo neoliberal, para consolidar la otra exigencia de la burguesía mundial, existente desde el siglo XVIII: el laissez faire (dejar hacer): es decir, libertad plena para que el individuo pueda decidir qué hacer, cómo hacerlo, cuándo hacerlo, decidir sobre su vida, sobre su tiempo, sobre sus necesidades, sin importarles la vida, los problemas, o las necesidades de los demás.
Es decir, destruyeron la moral como recurso motivacional regulador de las voluntades, y dejaron el paso abierto a la aceptación de conductas carentes de moral, es decir, carentes de restricciones. La derechización es eso: individualismo profundo, simulación, hipocresía, uso de la mentira y el engaño para el logro de fines individuales, uso absoluto de la libertad sin restricciones morales ni individuales, ausencia de límites en el actuar y creer que el individuo es el límite de sí mismo ante sí mismos y ante los demás. Los universitarios hicieron suyos los postulados del neoliberalismo.
A pesar de contar con herramientas teóricas suficientes, hicieron suyo el pensamiento neoliberal y se acomodaron a las necesidades del mercado, asumiendo ellos mismos el papel de mercancía intercambiable por favores al interior del mercado económico, político y social. Así, los universitarios vieron desde las aulas, desde los institutos de investigación, desde las áreas de decisión, cómo la soberanía del país era violada una y otra vez, cómo el país era saqueado en sus recursos estratégicos, y todavía sus especialistas fueron usados para validar fraudes electorales.
De ahí que la crítica del presidente AMLO no sea una crítica a la UNAM, es una crítica a los universitarios en general, a tanto universitario individualista, valemadrista, oportunista, arribista, sin ningún compromiso social, que desde los años de 1990 fueron malparidos por esa alma mater y por muchas otras del país.