Palabras sin reposo

Palabras sin reposo

2021-10-22 | Por DS

Euclides Lacuña

¿Cuándo perdieron la ciudad?


El 17 de octubre del año 2019 ha sido bautizado por los medios de comunicación nacionales como “El jueves negro” o “Culiacanazo”. Fue el día en el que el crimen organizado de Sinaloa demostró el gran poder de organización, de fuego, y su capacidad para desafiar al Estado mexicano, gracias a las raíces que ha echado en la estructura social y al control que ejerce sobre las mismas. Fue un jueves negro, sí, para las autoridades federales de seguridad, pues se vieron en la necesidad de dejar libre al capo de uno de los cárteles más poderosos del país, al verse colocados en la disyuntiva de realizar una masacre de delincuentes para mantener cautivo al capo, a cambio de lo cual los delincuentes harían su propia masacre de civiles. De suceder eso último, hubiera sido la oportunidad de oro para que la derecha aglutinada en la coalición PRIANRDMC exigiera -con razón- la renuncia inmediata del presidente de la república.

En aquella fecha, 17 de octubre, el presidente trató de aguantar al máximo lo que se ahora se sabe fue una exigencia de la DEA, la que en ejercicio del poder desmedido que les habían otorgado las autoridades del imbécil Vicente Fox, el alcohólico FeCal (Felipe Calderón) y el tontín de Enrique Peña Nieto, trataron de llevar a cabo la detención del hijo del Chapo Guzmán para cumplimentar la orden de aprehensión emitida en su país, con apoyo de las autoridades mexicanas. La decisión del presidente de dejar libre al capo para salvaguardar la seguridad y vida de los culiacanenses, fue, y todavía es presentada por los políticos y ciudadanos de derecha, como un acto de protección al delincuente.

Así lo manejaron al siguiente día, el 18 de octubre del 2019, y así lo han seguido manejando en sus apariciones en los medios de comunicación, en su afán de desprestigiar al presidente de la república, quien tuvo que admitir que fue él quien ordenó liberar al delincuente para salvaguardar la vida de los culiacanenses, que fueron tomados como rehenes por los delincuentes. “Estaban en riesgo muchas personas, ciudadanos, seres humanos. No se trata de masacres, se decidió proteger la vida y yo estuve de acuerdo con eso”, dijo el presidente Andrés Manuel a los medios.

Esta semana, en el segundo aniversario de aquel episodio negro en la vida del país, han vuelto a colocar en el imaginario popular la idea de que el delincuente no debió ser liberado y que el ejercito debió actuar para enfrentar a los delincuentes, idea que es hecha suya por algunas personas ignorantes, incapaces de ver más allá de lo que les dicen los enemigos del gobierno en los medios de comunicación, también enemigos. El documental “El día que perdimos la ciudad”, financiado por organizaciones extranjeras y locales como Global Initiative, Resilience Fund, Iniciativa Sinaloa, y Jueves Negro, y elaborado por varios periodistas que entrevistan a otros periodistas de aquella ciudad y a ciudadanos de Culiacán, tiene como objetivo fundamental demostrar, o por lo menos posicionar la idea anteriormente señalada: que el gobierno fue rebasado, que el gobierno tiene compromisos con esa organización criminal.

Sin embargo, tal vez sin proponérselo, los ciudadanos entrevistados confiesan su estupor, su confusión, su desencanto y su decepción con la organización criminal, a la cual, dicen, la consideraban una protectora de su seguridad, una organización que estaba para cuidarlos y protegerlos, y de pronto se dan cuenta que en realidad están para cuidarse a sí mismos. “Nunca pensamos que lo fueran a hacer”, que fueran a atacarlos a ellos, dicen en las entrevistas quienes ellos o sus familiares, o sus conocidos, o sus vecinos, han servido a los intereses de los criminales. Sin darse cuenta que la ciudad no la perdieron el día que los delincuentes mostraron sus verdaderos intereses el 17 de octubre del 2019, sino cuando ellos, los ciudadanos de Culiacán, decidieron que sus hijos, sus hermanos, o ellos mismos, formaran parte de esa criminalidad como  mulas, sicarios, halcones, esposas de sicarios, buchonas de los capos, sicarias, empresarios-lavadero, abandonando la posibilidad del esfuerzo a largo plazo para conseguir su desarrollo personal sin poner su conciencia y su seguridad en manos criminales.