Homero Rodríguez Serrano
EL EJERCITO EN LAS CALLES, ¡MARCHANDO!
La marcha del pasado domingo de militares, muchos de ellos en retiro, y sus familiares fue poco concurrida pero no por ello desechable en términos políticos. El reducido número de participantes obligaría a resistir la tentación de sobredimensionar el tema. Tratándose de un sector que entre Ejército y Marina agrupa a 300 mil efectivos, es decir, más de un millón de personas si involucramos a sus familias, podría pensarse que no son relevantes unos pocos centenares que marcharon en Ciudad de México y otra media docena de entidades.
Sin embargo, desde mi muy particular punto de vista, merece atención la inusual manifestación pública por parte de miembros de las fuerzas armadas por un diferendo con el gobierno. Habría que valorar, al menos, el riesgo de que esto sea un síntoma de algo más profundo. ¿Hay razones para preocuparnos?
Quienes marcharon, lo hicieron a pesar del llamado hecho por el presidente Andrés Manuel López Obrador para desalentar la convocatoria. Fiel a su costumbre, afirmó, que detrás podrían estar fuerzas oscuras vinculadas al crimen organizado. Eso quizá inhibió la participación de algunos militares en activo, pero los hubo, lo cual mostraría que los generales prefirieron no prohibir la marcha no obstante el exhorto del mandatario. Eso en sí mismo es un primer dato para considerar.
En su mensaje, el huésped palaciego, negó cualquier descontento al interior de las fuerzas armadas: “Están convocando en redes sociales a una marcha en Tamaulipas, en Nuevo Laredo, y en otros sitios en donde supuestamente ciudadanos se van a manifestar en favor del Ejército… Aprovecho para informar que tiene propósitos nada justos, sanos… que nadie se deje engañar, eso puede estar inclusive promovido por la misma delincuencia”, y azuzó con que podría haber violencia sembrada para culpar de ello a las fuerzas armadas.
Es bien sabido que el Presidente está comprando la lealtad del ejército a su persona —no al país— a punta de carretadas del dinero público, y de la cesión de nuestra soberanía civil. Tampoco es novedad su capitulación ante el crimen organizado; bajo la sombrilla de la 4T los cárteles se han dedicado a humillar a los soldados y marinos mexicanos como nunca antes, protegidos como están por la abyecta sumisión de Palacio Nacional y amparados en la mordaza de la cúpula castrense, hoy cerca del poder, que ha vendido a su tropa de a pie a cambio de llenarse las bolsas con el usufructo de nuestros puertos, aeropuertos, aduanas, obras civiles, bancos y demás.
Este tipo de manifestaciones, por muy pequeñas que sean, revela el protagonismo de las fuerzas armadas en este sexenio y dibuja los reacomodos. Seguramente algunos cambios son muy del gusto de los generales de cinco estrellas. Su involucramiento en aduanas, puertos, aeropuertos, en actividades turísticas o una nueva línea área supone una ampliación de su poder y su influencia en la administración pública. Quiero ver qué gobernador, senador o miembro del gabinete tiene hoy en día, la osadía para reclamar o hacer recular a la élite militar de los muchos espacios que controlan.
Otra lectura de la manifestación, es que la hipótesis de un posible involucramiento de los cárteles en la convocatoria quedo descartada, a juzgar por los planteamientos de los manifestantes. Se quejaron de las normas y políticas que restringen a los militares en el combate a los sicarios y al hecho de que “las personas que delinquen y causan daño al pueblo y al Ejército mexicano estén arriba de los soldados mexicanos y los derechos humanos”.
No protestaron por el uso de los militares en el combate contra el crimen organizado. Criticaron la ambigüedad jurídica en la que se mueven. Alzaron la voz por el desamparo que sufren los soldados que por un motivo u otro han sido detenidos por la violación de derechos de civiles, en particular los efectivos que han sido procesados por la justicia militar por el asesinato de cinco jóvenes en Nuevo Laredo, Tamaulipas.
Violencia no hubo. Lo alarmante aquí es que, por primera vez desde las guerras intestinas posrevolucionarias, haya en México dos facciones dentro de las fuerzas armadas, ya no a puertas cerrada sino en pugna pública y abierta, donde la cuña del encono es, como tantas otras veces, la mezquindad y cortedad de miras del presidente López Obrador. Sólo le pido al creador que la marcha no sea el primer toque anunciando hostilidades venideras. Saludos amigos.