Chavarría: la muerte que cambió el rumbo de Guerrero

Chavarría: la muerte que cambió el rumbo de Guerrero

21 de agosto de 2026 | Por DS

DESPEJAR 

Chavarría: la muerte que cambió el rumbo de Guerrero

MISAEL TAMAYO NÚÑEZ 

 

Este 20 de agosto se cumplieron 17 años del asesinato de Armando Chavarría Barrera, líder del Congreso local y seguro candidato del PRD al gobierno de Guerrero.

La mañana del 20 de agosto de 2009, pasadas las 6:00 de la mañana y cuando el presidente del Congreso se disponía a hacer sus ejercicios, fue ejecutado por dos hombres que lo interceptaron antes de que abordara su auto, afuera de su vivienda en el poniente de Chilpancingo.

Armando había anunciado dos cosas: la primera, que ordenaría una auditoría a la AGE, a cargo de Ignacio Rendón Romero, por denuncias de corrupción y sobornos. La segunda, que solicitaría licencia a su cargo para comenzar su movilización por la candidatura al gobierno de Guerrero.

Gobernaba el estado Zeferino Torreblanca Galindo, el primer gobernador perredista (aunque sus detractores afirmaban que era panista), el que en 2005 consumó la alternancia en esta entidad, una de las que eran consideradas graneros de votos para el Partido Revolucionario Institucional.

Le tocó pasar la estafeta al finado René Juárez Cisneros, y por lo cual fue acusado entre las filas tricolores de traición.

Guerrero fue de los pocos estados del país que viró a la izquierda, junto con Michoacán y Zacatecas. La mayoría eligió la derecha. Para entonces y desde el año 2000, el PAN era gobierno federal y por efecto dominó muchas entidades, sobre todo del occidente y norte del país habían elegido el camino del blanquiazul.

Algo parecido sucede ahora con Morena, que hasta los más recalcitrantes derechistas quieren ser del movimiento de regeneración nacional y dicen que aman a Andrés Manuel López Obrador desaforadamente, contando a los de Guerrero que ahora hasta se dicen fundadores del partido obradorista.

Para 2005 Guerrero estrenaba un gobierno izquierdista. Hubo mucha obra, y sobre todo una profunda reorganización del poder público estatal. Seguridad, registro civil, obras públicas, finanzas, fueron las áreas que más evolucionaron.

Lamentablemente, los perredistas que no pudieron incidir en el gobierno de Torreblanca lo acusaron de ser de derecha y gobernar con sus amigos empresarios; que así fue, pero tampoco es algo nuevo porque al fin y al cabo cada quien llega con su equipo, y la historia que siguió no nos deja mentir.

La ruptura entre gobierno y partido era obvia y desde el Congreso se atizaba la división, poniendo trabas a las iniciativas del Ejecutivo, o poniéndoles precio por cabeza.

Por eso, aunque Zeferino quiso acabar con las cuotas a diputados, que era de millón por piocha, cada año, y que algunos usaban para obras en sus distritos, tuvo que ceder y volver a ese viejo sistema de intercambio.

Eso aparte de los altos sueldos y emolumentos de los diputados, y la consabida venta de votos cada vez que se tenía que aprobar una iniciativa.

Por eso los chavarristas, con David Jimenes Rumbo a la cabeza, responsabilizaron a Zeferino por el asesinato de Armando Chavarría, cosa que desde luego nunca pudieron comprobar.

Fue cuestión de tiempo para que en medio de esa pugna interna por el poder, los jefes tribales del PRD perdieran el foco y terminaran entregando el partido a un priista.

Quién iba a decir que apenas 6 años después del primer triunfo perredista, y a escaso año  y medio de la ejecución de Armando Chavarría, el gobierno de Guerrero volvería a manos de uno de los altos jerarcas del PRI, para infortunio de los mismos perredistas y para desgracia de la sociedad guerrerense.

Después, esos mismos jefes tribales ya no querían queso, sino salir de la ratonera. El Jefazo los humilló en grado sumo. Los persiguió por errores de él mismo, como le sucedió a Alberto López Rosas tras la muerte de dos estudiantes de Ayotzinapa en la Autopista del Sol, durante un violento desalojo.

Y si se quejaban de que Zeferino gobernó con sus amigos empresarios, tuvieron que soportar que Ángel Aguirre Rivero gobernaba con sus amigos y familiares, al grado de que su sobrino Ernesto llegó a ser el jefe de gabinete, mientras el tío disfrutaba de ser llamado gobernador.

Hoy que Aguirre está preso, aquellos que le entregaron el poder se deslindan por un hecho que sucedió cuando el indiciado todavía era gobernador con las siglas perredistas, lo cual es no tener memoria histórica y no tener vergüenza.

La muerte de Chavarría, por lo tanto, cambió la historia de Guerrero para mal. Los celos políticos de los perredistas nos llevaron a un periodo de gobierno que comenzó con una desgracia y terminó con otra.

Ángel Aguirre les jugó el dedo en la boca diciéndoles que resolvería el Caso Chavarría. Pero los procuradores fueron renunciando uno a uno, hasta que llegó Iñaki Blanco Cabrera, al cual le tocó indagar la masacre de Iguala, en la que 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa desaparecieron sin dejar rastro, y a los que aún se les busca.

Que sirva esto de ejemplo para Morena. No por el crimen, sino por la intriga política que definió el cambio de rumbo del PRD y de Guerrero.

Que no les acontezca algo parecido. Que no entreguen el poder a quienes vienen arropados de cerca por priístas, y a quienes a la vuelta de la esquina los veremos retornando al poder. Eso está cantado y sólo será cuestión de tiempo.