El reino de los cielos es
semejante a un rey que hizo fiesta de
bodas a su hijo. Mateo 22:2.Buscar regalos
El Señor Dios ha provisto un
banquete para toda la raza humana. Se representa en la parábola como una gran
cena donde se provee una fiesta para cada alma. Todos los relacionados con esta
cena pueden disfrutar del festín, que es el Evangelio. Esta fiesta está abierta
a todos los que la reciban. Todos son invitados e instados a ir…
Quienes son partícipes de la
fiesta de bodas, la fiesta del Evangelio, por medio de este hecho expresan que
han aceptado a Cristo como su Salvador personal. Usan sus vestimentas
distintivas. Han aceptado la verdad según es en Jesús, que es el manto de la
Justicia de Cristo. Sólo glorifican a Cristo los que aceptan la invitación:
“Venid pues todo está listo”, vengan a la cena de bodas del Cordero. Estos se
ponen el lino blanco, el carácter limpio, puro, mostrando así que dejaron la
senda del viejo hombre que vive en su ignorancia. Su lenguaje cambia. Su
conversación es totalmente diferente…
Todos los que reciben la luz
de la Palabra son altamente favorecidos. Esa Palabra es el Pan de Vida para
quienes la comen. “En aquella misma hora Jesús se regocijó en el Espíritu, y
dijo: Yo te alabo, oh Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste
estas cosas de los sabios y entendidos, y las has revelado a los niños”. Lucas
10:21.
Los sacerdotes, escribas y
gobernantes eran tan autosuficientes que no hacían caso a las palabras de
Cristo. Fueron convencidos, su entendimiento fue persuadido, pero ellos no
quisieron recibir al Enviado de Dios. Habían sido honrados con toda ventaja
temporal y espiritual, pero Cristo consideró que rechazaban toda la
misericordia, la compasión, la ternura y el amor que El había venido a traerles
al mundo. Se apartaron de la luz y la evidencia que Cristo les había dado y
despreciaron su misericordia. Los miró con vivo anhelo y dijo: “Sí, Padre,
porque así te agradó”. Vers. 21. Se afligió porque el pueblo más favorecido
sobre la faz de la tierra fuera precisamente el que negó y rechazó su
ofrecimiento de vida eterna.
Debe haber un progreso
constante de nuestra parte. La revelación del Padre al agente humano será tal
que la mente pueda aferrarla y comprenderla. Todos los que prosigan
resueltamente conociendo la verdad según es en Jesús sabrán que aun hay mucho
que aprender. La expansión, el desarrollo, el aumento de la fe y la santidad
nos proveerán experiencia en la vida
religiosa, y esta es la ley de la vida
cristiana.—Manuscrito 143, del 17 de octubre de 1898, “La parábola de la
fiesta de bodas”.