APUNTANDO AL SUR

APUNTANDO AL SUR

2021-11-11 | Por DS

Homero Rodríguez Serrano

LA POPULARIDAD DEL PRESIDENTE.

Con el 65% de aprobación, Andrés Manuel López Obrador, se colocó sólo por detrás de Narendra Modi, primer ministro de la India, quien obtuvo un 71% de aprobación y eso, aparentemente lo llena de satisfacción, así como a sus miles de seguidores. “Esto va para el archivo de las vanidades, esto lo subrayó porque no es mi persona, es la confianza de la gente y es para orgullo de México. Nuestro país está bien calificado en el mundo y es un orgullo ser mexicano”, agregó.

El diario británico Financial Times –por cierto, el tabasqueño le ha endilgado toda clase de descalificaciones-, destacó en su portada del pasado lunes 25 de octubre, la encuesta de Morning Consult que ubica al mandatario mexicano como el segundo líder más popular del universo.

Sin embargo, considero que es más que necesario aclarar que la encuesta evalúo la aprobación de 13 jefes de Estado y no de todos los mandatarios del mundo. Los líderes que se evaluaron son los de Australia, Brasil, Canadá, Francia, Alemania, India, Italia, Japón, México, Corea del Sur, España, Reino Unido y Estados Unidos. De los 13 evaluados, el tercer lugar le correspondió al primer ministro de Italia, Mario Draghi, con 58% de aprobación. A éste le siguió la canciller alemana Ángela Merkel con 53% y el presidente estadounidense Joe Biden, con un porcentaje de aprobación de 46%

Ante el ruido que causo, tengo la impresión de que suele dársele más importancia a los niveles de popularidad o de aprobación de los gobernantes, de lo que realmente amerita. Muchos de los seguidores del gobernante en cuestión suelen asociar esa popularidad a dos cosas esenciales. La primera: suponen que por los altos índices de aceptación tienen la razón en sus apreciaciones y teorías sobre la realidad. Sin embargo, no siempre es así.

Ejemplos históricos sobran para demostrar que mucha gente, incluso mayorías abrumadoras, suelen equivocarse. Así, cuando se discuten temas económicos, ecológicos, sanitarios o de seguridad, los seguidores del tabasqueño, suelen responder hasta con arrogancia “Sí, pero somos el 80% los que creemos que las cosas son así”, como si el hecho de creer y de ser mayoría fuera certeza de tener la razón.

La segunda, es que suele darse por sentado que si un mandatario es popular o tiene alta aprobación es porque su desempeño es muy bueno. Que las encuestas, lo tengan hasta arriba es justo porque ha cumplido lo prometido, ha tenido grandes logros en distintos temas, y la población lo premia por ello con una alta aprobación.

Lo anterior, para mí tampoco es cierto; la aprobación puede tener fuentes diversas. Es más, la elevada aprobación ni siquiera, en muchas ocasiones, se traduce en algo que sería esencial para los gobernantes respectivos; el sufragio masivo para sus partidos y candidatos.

Por ejemplo, Ernesto Zedillo había recuperado bastante popularidad a la mitad de su sexenio tras la caída por el “error de diciembre” de 1994, y a pesar de ello, el tricolor cayó al 39% de votación (la más baja de su historia hasta entonces), y perdió la mayoría absoluta y la capital de la República.

El panista, Vicente Fox, también rondaba el 60%, pero el blanquiazul en la elección intermedia sufrió un descalabro que le resto varias diputaciones. Y algo parecido ocurrió con Calderón. Ante esto, lo primero que viene a la mente es, ¿para qué tanta popularidad si no se va a traducir en votos para su partido y candidatos, que es lo que más cuenta y se busca en el quehacer político?

Lo mismo ocurrió con el de Macuspana el 6 de junio de este año; su popularidad se encontraba por encima del 60%, pero solo 34% del voto de los electores se canalizo para su partido. 26 puntos de diferencia. Pero todavía algo peor, ese 34% es de quienes asistieron a las urnas. (53%), lo que significa que de toda la población (que incluye al 60% de sus admiradores), sólo 18% de ciudadanos decidió ir a las urnas y votar por Morena.

La distancia se ensancha entre ese 60% de quienes aprueban al presidente y el 18% que tradujo ese respaldo en un voto para su partido. El restante 42% es aprobación ilusoria, simbólica, inasequible si no se traduce en lo que realmente importa. Saludos amigos.