DESPEJAR
MISAEL TAMAYO NÚÑEZ
Hay un alto riesgo de implosión en Morena. Lo cita en una entrevista el ex titular de Salud en Guerrero, Lázaro Mazón Alonso, quien fue uno de los fundadores del partido guinda en los tiempos en que el obradorismo era la principal bandera, misma que está cada vez más descolorida.
A pregunta expresa, el igualteco considera que la operación cicatriz en Morena será algo difícil de lograr y que el riesgo de que el partido implosione, es real.
¿Pero qué es una implosión? “Es un fenómeno físico donde un objeto o estructura colapsa violentamente hacia su propio centro debido a que la presión externa es mucho mayor que la presión interna. A diferencia de una explosión, la fuerza y la energía actúan de afuera hacia adentro.
Eso están provocando las dirigentes de Morena, sobre todo ahora que enviaron a un delegado para dizque a revisar los perfiles de los 17 aspirantes a la coordinación estatal, trabajo que es de competencia exclusiva de la Comisión Nacional Electoral. ¿O no?
Luego entonces, ¿qué tiene que hacer el diputado federal Irugami Perea haciendo funciones que le corresponden a Citlalli Hernández y a su equipo? Máxime cuando el diputado por Tlalpan, que aunque nació en Acapulco ha hecho su carrera política en la Ciudad de México, no es neutral en este proceso, sino todo lo contrario: es parte del equipo de Esthela Damián Peralta; no en balde ambos trabajaron en el gobierno de Claudia Sheinbaum en la Ciudad de México.
Todos estos pequeños grandes detalles le han impreso al proceso interno de Morena en Guerrero un tufo de “sospechosismo” en torno a una inminente imposición, aunque no necesariamente sea desde Palacio Nacional, pero sí desde las catacumbas morenistas.
Y para colmo, ni siquiera han determinado quiénes participarán en las encuetas. La dirigencia nacional del partido no puso límite de tiempo y, al contrario, dejó a las tribus a su arbitrio y están dándose hasta con la cubeta. Y así seguirán hasta que el cuerpo aguante, o los dineros se agoten, o el partido se divida.
Pero ojo: A estas alturas es obvia y abierta la confrontación entre los morenistas, y es obvia también la actuación del PRI atizando la lumbre y poniendo cada vez más leños para la hoguera, erigiéndose los tricolores como los fieles de la balanza. ¿O qué no dijeron ya ex alcaldes y ex dirigentes priístas que si no es Esthela Damián la candidata se decidirán por otro partido? ¿Cuál? El que les ofrezca lo que están buscando, obviamente.
Si esta sentencia no pone en alerta a los morenistas, entonces ya no reaccionaron con nada. El riesgo de que concretamente Esthela Damián esté siendo dirigida por priístas en prácticamente todas las regiones del estado, sería el principal ingrediente de la implosión morenista. Su juego no es el de “si no puedes con el enemigo, únetele”. Al contrario, su juego es: “Si no puedes con el enemigo, reviéntalo”.
Veamos: El coordinador estatal de su campaña es Cuahtémoc Salgado Romero, ex dirigente estatal del PRI y ex miembro del Partido Verde. En la Zona Centro se mueve el ex líder del PRI, Marco Leyva; en la Montaña se mueve el ex diputado local Héctor Apreza, mientras que en la Zona Norte los Majul.
Y así sucesivamente son los priístas los que han tomado el control de la campaña de Esthela Damián, apostándole a los boots y cuentas falsas, para dar la idea de que en un mes de campaña la ex colaboradora de la presidenta Sheinbaum llegó, vio y venció a quienes tienen años gastando saliva y huarache en los caminos del sur.
Es cierto que hay priístas acercándose a los demás aspirantes, pero como agregados, no como parte de la estructura de campaña, quienes serán los que repartan el queso.
La pregunta de los 67 mil es: ¿Qué harán estos priístas si Esthela Damián no es la coordinadora de Morena? ¿Le alzarán la mano a quien gane la encuesta realmente? ¿O se irán en pos de nuevos derroteros?
Yo más bien creo que están jugando rudo. Si no pueden con el partido guinda, cuya preferencia electoral supera los 40 puntos porcentuales, entonces lo que procede es quebrarlo, desmembrarlo, provocar rupturas.
Y para ello abrimos esta semana con declaraciones de los promotores de Esthela Damián Peralta, acusando que la ex asesora jurídica es objeto de guerra sucia y golpeteo. Obviamente olvidando que quien comenzó esta pelea fue ella misma.
Para acrecentar la hoguera, cada día la dirigencia nacional de Morena se saca nuevos conejos del sombrero, dejando una sensación de incompetencia política. Por ejemplo, la presidenta del partido, Ariadna Montiel Reyes, acaba de declarar que quien resulte coordinador o coordinadora no necesariamente será el candidato.
Aseguró que si él o la responsable de dirigir a los Comités no logra llevar bien los trabajos, no será tomado en cuenta. "Esta tarea es una responsabilidad y al que haga bien su trabajo se le valorará si el movimiento requiere que nos represente en el proceso electoral, pero quien no pueda organizar a los comités no podrá hacer lo demás bien", dijo Montiel Reyes.
¿En serio? Que alguien le diga a la señora presidenta de Morena que no se achimultrufie. Que no diga una cosa por otra, o al revés. Porque primero dijo que la única manera de bajar a alguien sería si se le encuentran nexos delincuenciales, o algún otro tipo de delito administrativo o civil. Pero ahora dice que si no hacen bien el trabajo, entonces, aunque la gente haya votado por los coordinadores electos, no se les dará la candidatura.
Haberlo dicho antes. Nos habrían ahorrado todo este show, se habrían sujetado a los tiempos legales y el partido no estaría en riesgo de división interna. Ahora ya lo saben los aspirantes: que aunque trabajen en la organización de comités de defensa de la Cuarta Transformación, no tienen segura la candidatura. Habrán trabajado para alguien más. ¿Quién? El que digan ellas: Ariadna y Citlalli. Al tiempo.