Hermanos, yo mismo no
pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que
queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante.
Filipenses 3: 13
Se dice que en cierta
ocasión a Babe Ruth, el famoso pelotero de las grandes ligas, se le oyó decir:
«Los home runs de ayer no ganan los partidos de hoy».
Como cristiano no puedes
vivir del pasado. Puedes recordarlo con aprecio por todas las cosas buenas que
viviste o hiciste por las cosas difíciles que enfrentaste que te prepararon
para hacerle cara a la vida estando mejor equipado, pero solo eso; el pasado
debe quedar en el pasado.
El profeta Ezequiel escribe
en su libro que si una persona recta se aparta de su buen camino y peca, nada
de lo bueno que hizo en el pasado se tomará en cuenta. Esa persona
definitivamente morirá por su pecado.
Lo mismo sucede con una
persona que estaba en un mal camino y se arrepiente: lo malo que hizo en el
pasado no se tomará en cuenta y vivirá por haberse retractado y tomado el buen
rumbo.
He escuchado a muchos
cristianos decir: «En el pasado nosotros levantamos la iglesia», «las
generaciones de hoy ya no son tan fieles como las del pasado», «la Iglesia se
ha echado a perder. Ya no se hacen las cosas como antes».
Debes dejar el pasado. Como
dice el apóstol Pablo en el versículo: «Me olvido de lo que quedó atrás y
prosigo a la meta, al supremo llamamiento». La esperanza está en el futuro, la
meta está en el futuro y los desafíos de hoy no serán igual a los desafíos que
enfrentarás mañana.
El mundo cambia rápidamente
porque se aproxima a la recta final, pero los que se aferran a Jesús como su
único salvador serán victoriosos. Olvidarse del pasado involucra no solo a las
cosas buenas como meritorias, sino también a las malas como el lastre que no te
deja de hacer sentir culpable.
Con Cristo todo cambia y día
a día se obtiene la victoria. Mi querido amigo, si tu pasado es tenebroso, deja
esto en las manos de Dios y permite que cambie tu futuro.
Pon tus ojos en Jesús, tu
salvador amante y perfecto, deja que coloque en ti la meta de la esperanza y de
la vida eterna, pon tus ojos en ese objetivo y desecha el pasado que solo sirve
como lastre para los que no se arrepienten.