No os hagáis tesoros en la
tierra donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan;
sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y
donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí
estará también vuestro corazón. Mateo 6:19-21.
Reparad en estas palabras
del Gran Maestro, que habló como nunca habló hombre alguno. Pone delante de
vosotros la conducta a seguir si queréis servir a vuestros mejores intereses en
esta vida, y haceros tesoros eternos. “No hagáis tesoros en la tierra”. Hay
peligro de perderlo todo en la búsqueda de las ganancias mundanales, porque en
la febril actividad que determina la búsqueda de las riquezas terrenas, se
olvidan los intereses eternos…
Si vuestros pensamientos,
vuestros planes y vuestros propósitos están centralizados en la acumulación de
las cosas terrenas, vuestra ansiedad, estudio e intereses estarán todos centralizados
en el mundo. Las atracciones celestiales perderán su hermosura. Las glorias del
mundo eterno dejarán de tener la fuerza de la realidad para vosotros. Vuestro
corazón estará con vuestro tesoro, y cada facultad de vuestra mente estará
concentrada de tal manera en la obra que habéis elegido, que no oiréis las
advertencias y ruegos de la Palabra y el Espíritu de Dios. No tendréis tiempo
que dedicar al estudio de las Escrituras y a la oración ferviente a fin de
escapar de las trampas de Satanás y prestar una obediencia inteligente a
vuestro Padre celestial.—The Review and Herald, 24 de junio de 1888.Oraciones
guiadas
Esta obra de transferir
vuestras posesiones al mundo de arriba, es digna de todas vuestras energías. Es
de la mayor importancia e implica vuestro interés eterno. Lo que dais a la
causa de Dios no se pierde… está seguro contra el desastre y la pérdida y
produce abundantes intereses eternos.—Ibid.